Hace apenas un par de años, vivir en las grandes capitales era un objetivo caro, pero aún factible para jóvenes y familias. Ahora le han dado la vuelta, y para mal. Ya sea por inacción ante Airbnb, por la falta de planes urbanísticos o porque los turistas han entrado a competir en el alquiler y la compra, es casi imposible acceder a un piso decente en Madrid o Barcelona sin una gran nómina. Colau hizo gestos para revertirlo, sin éxito. Ahora es Carmena. Que acierten ya.