ISRA ÁLVAREZ. PERIODISTA

Carta a los Premiados con el Nobel de Medicina 2017

Isra Álvarez, periodista de 20minutos.
Isra Álvarez, periodista de 20minutos.
JORGE PARÍS

Estimados señores investigadores, Jeffrey Hall, Michael Rosbash y Michael Young. He de decirles que a día de hoy y con la que está cayendo, con el mundo lleno de ejemplos de seres humanos empeñados en desprenderse de su capacidad de raciocinio, me sigue maravillando que haya gente como ustedes. Personas que dedican su vida y trabajo a investigar algo que casi nadie entiende y que a todos afecta. No me extrañaría que fueran ustedes un equipo de tres sólo para poder darse un abrazo de consuelo de vez en cuando.

El premio Nobel les ha reconocido ahora su labor en el campo del estudio de los ritmos biológicos o circadianos. Han usado moscas de la fruta (y el hecho de usar moscas para algo más que para agitar la mano sobre una amenazada paella ya me fascina) para determinar cómo funciona el reloj biológico. Han descubierto cómo un gen controla proteínas que se generan o degradan en función de la rotación terrestre, de los ciclos de día y noche. Un ciclo que afecta a funciones críticas como el comportamiento, los niveles hormonales, el sueño, la temperatura corporal y el metabolismo.

Pero, siendo como soy un iletrado en las cosas de la ciencia, tengo una apreciación que hacerles: se han equivocado de conejillo de indias. Las moscas de la fruta no pelean contra su propia naturaleza: no madrugan, no cambian de hemisferio y de uso horario en cuestión de horas, no trasnochan, no se estresan… los humanos sí.

Es algo que nos hacemos a nosotros mismos sin demasiado sentido. Somos humanos que se levantan a horas irracionales para ofrecer servicios a otros humanos que se levantan de madrugada. Personas que trabajan de noche, que hacen turnos de 12 y 24 horas, que viajan a diario a otras franjas horarias, que ven la tele hasta las mil... Es una especie de empeño en quitarnos como una piel vieja la condición animal para vestirnos de máquinas que no entienden de horarios. Normal que siempre estemos crispados.

Ese reloj biológico cuyo funcionamiento han descubierto ustedes nos dedicamos a adelantarlo, a atrasarlo, a pararlo y a veces hasta a pisotearlo los seres humanos. Quizá esa deba ser la segunda fase de su investigación: por qué nos empeñamos en luchar contra nuestra propia naturaleza. Oh, milenios de evolución han convertido el cuerpo humano en una máquina perfecta… voy a pasármela por el arco del triunfo. A veces, el libre albedrío es un puro absurdo.

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