No me fío de ti, Amaia; sé qué es lo que has hecho, sé qué se esconde detrás de tu éxito, sé lo que hiciste para conseguirlo. Cuando repartían el talento, cuando daban los dones, te pusiste a la fila varias veces. Quizá cambiaste de aspecto e hiciste cola una y otra vez. Por eso ahora eres esa joven de 18 años repleta de talento, llena de dones, en una de esas configuraciones humanas maravillosas que incluyen la humildad como una de las virtudes más brillantes.

Yo ya te conocía. Te entrevisté cuando tenías solo 13 años y entonces ya pensé que si la sinceridad tuviera voz, sería como la tuya. Esa voz suave, bajita, como de susurro permanente con la que eres capaz de decir las burradas más grandes con la dulzura de un verso. Esa forma de hablar que te deja decir que pasas de todo, que tú eres así y que si te estás meando, si te gustan las relaciones abiertas, si te gustan mucho tus tetas o un buen tío con una buena polla, o cómo suena la palabra almorrana o que te tienes que depilar los sobacos…, simplemente lo dices. Y lo haces con un tono de estar cantando una nana. Y da igual lo que digas: pasa a colocarse en la estantería de la normalidad en ese preciso instante.

Eres multiinstrumentista, estás en el último año de conservatorio y cantas cualquier cosa y siempre con una preciosidad como de catedral gótica iluminada por la mañana. De esas personas que despiertan admiración y una envidia (in)sana en cualquiera. Y aun así, todavía eres capaz de admirar, una cualidad que suele llevarse el agua del éxito cuando te bañas en ella.

Cantas cualquier cosa con una preciosidad como de catedral gótica iluminada por la mañana

Te llaman Amaia de España, como a Rosa la llamaban. Ojalá fuera así España: don, talento y humildad reconocidos. Porque tenemos mucho talento, y dones y a veces hasta humildad, pero lo de admirarnos y reconocernos el mérito… mejor que no brille otro, no fuera que se viera mi propia sombra oscura. Al final se ha cumplido la profecía de Mónica Naranjo. Ella no te dejó seguir en El Número Uno. Te dijo: "Las personas adultas no estamos preparadas para el éxito, imagínense una cría. Amaia, te juro que te estoy haciendo el favor de tu vida. Ahora que eres joven, si haces una pausa y lo retomas dentro de unos años, entonces volarás. Nos vemos dentro de unos años". Y te ha visto, y vuelas, alto y libre.

Ahora, solo un consejo, modesto: sigue así. Haz en la vida lo que quieras hacer. Rosa López o Virgina Maestro fueron un fenómeno y ya no. Ellas dejaron OT y cantaron lo que quisieron cantar. No dejaron que el éxito las llevara al lado oscuro. No llenan estadios, pero llenan corazones.