¿Qué les das, querido lehendakari? Se contarán algún día los detalles de tu labor de pacificación in extremis entre el presidente Rajoy y el president Puigdemont. ¿Quién lo iba a decir? Tú eres Iñigo Urkullu y no Ibarretxe, pero sucede que la misma institución y el mismo partido político que hace trece años le declaraba la guerra al Estado de las autonomías está mediando para preservarlo. No hay mejor síntoma del momento trágico que vivimos y de cuánto ha madurado el nacionalismo vasco.

Alguien que tiene todas las líneas telefónicas abiertas cobra una relevancia excepcionalEl PNV se desmarcó de la estrategia de Bildu de apoyar el ultranacionalismo catalán, pero también suspendió su apoyo al Gobierno del PP, y dejó en suspenso los Presupuestos a la espera de ver cómo acaba el conflicto con Cataluña. Sin embargo, tus cauces de comunicación siguen abiertos con todos. Hablas con los ultranacionalistas catalanes, con el PP, con el PDeCAT… Con el PSOE incluso gobiernas en el País Vasco. Eso es lo que se llama transversalidad. Hablaste incluso con el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, para que la UE mediara. Al final, cuando esta semana loca comenzó con el 155 sobre la mesa, dijiste: pues si nadie lo hace, lo haré yo. Te has remangado y te has puesto a pacificar. 

La estrategia es inteligente desde el punto de vista político. Significa haber comprendido hasta qué punto todos estamos imbricados, o sea, que somos un país, aunque no lo digas. Si Cataluña entra en recesión, como ocurrirá mientras no se acabe con la incertidumbre, toda España se verá afectada, incluida Euskadi. El ridículo del ultranacionalismo catalán alcanza tal magnitud que cualquier nacionalista, por moderado que sea, se ve salpicado. En Europa ya se va viendo que el egoísmo nacional y la pasión por las fronteras desemboca en el partido fascista de Le Pen, el brexit o la suspensión del autogobierno. El concierto vasco desafina cada vez más.

¿Pero qué les has dado estos días, Iñigo? La respuesta está clara: confianza. En un clima político de recelos cervales y desconfianzas cruzadas, alguien que tiene todas las líneas telefónicas abiertas cobra una relevancia especial. A la hora en que escribo estas líneas tu presión no parece haber bastado: Puigdemont no convoca elecciones. En todo caso, se agradece el esfuerzo. Aunque como en esta vida nada es gratis, quizá la pregunta final venga con cargo a los Presupuestos Generales del Estado. ¿Se debe algo?

Un saludo apacible, Irene Lozano.