Cuánto te echamos de menos, querido Barack. A veces el refrán de "otros vendrán que bueno te harán", en vez de cumplirse se inflama: Donald Trump te ha hecho santo. La matanza en el instituto de Parkland, una tranquila comunidad al noroeste de Florida, ejecutada por un joven que había advertido por tierra, mar y aire de sus intenciones, se ha saldado con al menos 17 muertos. A la desolación le sigue el tuit de Trump expresando sus condolencias y afirmando que rezará. Como tantos conservadores norteamericanos, que veneran a su Dios tanto como a sus arsenales. Nada que añadir, como tampoco lo tiene el sheriff local, para quien «no hay palabras».

Te echamos de menos, porque tú sí supiste qué decir tras otra matanza semejante, la de Newtown. En concreto esto: "Tenemos que cambiar. Ninguna ley puede eliminar el mal del mundo, pero eso no ha de ser una excusa para la inacción". En eso consiste gobernar, en actuar. No es mucho pedir, que se tomen medidas para proteger a niños de seis años de ser asesinados mientras están en el colegio, el lugar donde más seguros deberían sentirse después de su propia casa. Liderar es no añadir más silencio a los sepulcros. Si por algo resulta fraudulento el discurso de tu sucesor, es porque oculta el hecho fundamental: que él tiene poder para tomar medidas y decide no hacerlo.

Cada año mueren más de 30.000 personas en Estados Unidos por armas de fuego. Un estudio del Congreso del año 2012 calculó que hay 310 millones de armas (en un país de 321 millones de habitantes, ojo). Invocar el derecho a portar y guardar armas, protegido por la Constitución americana, equivale a pervertir el debate. La Segunda Enmienda no impide controlar y regular esa tenencia. Como todos los derechos, se limita cuando colisiona con otros, en este caso nada menos que el derecho a estar vivo.

Cada vez te echamos más de menos, querido Barack. No solo suscitaste este debate tan necesario en tu país, sino que, al hacerlo, nos recordaste para qué sirve la política. Desde entonces cada nueva matanza interpela a los senadores norteamericanos y al presidente, dispuestos a proteger a los lobbies de armamento que donan fondos a sus campañas. Si la política no evita los asesinatos más crueles, si no protege a los más inocentes, si no puede hacer nada más que contemplar una masacre de niños como si fuera un tornado que manda el cielo… Entonces, ¿para qué sirve? Vuelve para recordárnoslo, anda.

Consternada, Irene Lozano