Les quedan meses, un año y medio, para llegar a los 65 y están haciendo números, calculando cuánto les va a quedar de pensión. Muchos llevan trabajando desde los 15 años, desde los 20. No había opción de estudiar una carrera: en casa había que ayudar con un sueldo. Así que desde muy jóvenes empezaron a cotizar, con contratos unos años más dignos y los últimos más precarios. La crisis es lo que tiene, que a quien mantuvo el trabajo le dieron un buen bocado. Y tras toda una vida trabajando ven con preocupación lo que pueda pasar. Ven a sus mayores en las calles, lunes tras lunes, protestando y manifestándose. Algunos lo han bautizado como el nuevo 15-M. Y seguramente sea algo parecido: el despertar de quienes lucharon por sus derechos siendo jóvenes y que ahora se ven obligados a salir a la calle a pedir lo que es suyo. Ni más ni menos.

Quienes ya llevan unos años cobrando esa pensión de jubilación tampoco es que estén mucho más tranquilos. En la mayoría de los casos la pensión de él es muy superior a la de ella. En esto también hay brecha: ellas se quedaron en casa durante años, para tener a los hijos, criarlos. Trabajando deslomadas, sosteniendo una casa y una familia. Pero eso no cotiza y, por tanto, la pensión que tienen ahora es ridícula. Si logran sobrevivir, es porque con la de uno y con la de otro van tirando. Sin grandes lujos. Cruzando los dedos para que los imprevistos no tengan más de tres ceros. Pero el agobio llega cuando falta uno de los dos. Y aquí tampoco es lo mismo si se muere él o si se muere ella. Normalmente, a esas amas de casa el Estado les compensa su ridícula pensión; no es para echar cohetes, no llega ni siquiera al salario mínimo, pero algo es algo. Pero en cuanto enviudan, se acabaron esas compensaciones. Si antes cobraban 600 euros, se los dejan en los 230 que les correspondían, y con la pensión de viudedad a duras penas llegan a los 800/900 euros. Los números no son los mismos si es ella la que se muere antes. Su luto (el de él) es igual de doloroso pero sin el agobio de pensar "¿y ahora qué?".

Hoy en el Congreso hablarán y hablarán desde la tribuna de pensiones, de igualarlas al IPC o no, de poder adquisitivo, de la caja de la seguridad social, del Pacto de Toledo. Habrá ingeniosas preguntas desde los escaños y repreguntas todavía más ingeniosas. Hablaremos del arte parlamentario de unos y de otros, pero ¿quién se acordará de verdad de Juan, de Marisol, de Maripi, de Ana, de Miguel? Un dato: si en los próximos 20 años las pensiones no se equiparan al IPC, los pensionistas sufrirán una pérdida de poder adquisitivo del 30%. Calculen.