"Tanto tiempo sin verte, querido padre". La frase, pronunciada como un lamento, con la voz entrecortada, resume los casi 80 años de sufrimiento, de angustia, de falta de noticias de una mujer que ha dedicado toda su vida a buscar a su padre. De una mujer que, casi ya en su tiempo de despedida, ha logrado cumplir lo que tanto se prometió: nunca dejaré de buscarte, te encontraré y te enterraré como debes.

La historia de Asunción es la de decenas de personas que han crecido con el dolor

La frase la pronunció Asunción en el cementerio de la Almudena el domingo pasado cuando, por fin, podía dar sepultura a su padre. Timoteo fue fusilado en el 39, tirado a una cuneta en Guadalajara y enterrado no solo bajo centímetros de tierra, sino bajo silencios y olvidos impuestos durante años por una dictadura. La ley de memoria histórica le devolvió la última esperanza de poder localizarle. Pero enseguida comprendió que no iba a ser fácil y que de nuevo iba a estar muy sola.

La historia de Asunción es la de decenas de personas que han crecido con el dolor de no saber dónde estaba su hermano, su padre o su esposo. La historia de una herida abierta y que jamás se cerró. Se pudo perdonar, sí, pero no olvidar. Algunos han muerto sin lograr recuperar los restos de los suyos (Asunción estos días se acordaba de su hermana, que murió hace cinco años). Y muchos viven con angustia su vejez, sabiendo que su búsqueda morirá con ellos. Que nadie recordará que un buen hombre fue ejecutado sin sentencia ni condena.

Jose Mari es uno de ellos. A su padre se lo llevaron preso cuando él tenía 7 años. No había denuncia, no había delito. Era la posguerra y las detenciones se hacían porque sí, por denuncia de un vecino, de un socio codicioso o por envidia. Lo último que saben es que fue trasladado a Hernani, donde, creen, lo fusilaron.

Jose Mari creció soñando con volver a ver a su padre, con la esperanza de que hubiese podido huir

Jose Mari creció soñando con volver a ver a su padre, con la esperanza de que hubiese podido huir a Francia, a Rusia. Adulto comprendió que su padre murió aquel día camino de Hernani y empezó una tarea titánica por localizar su cuerpo. Hasta hoy. Ha levantado teléfonos, ha rastreado en archivos, ha preguntado a familiares de los que iban con su padre aquel día en el furgón. Pero su rastro se pierde. Y su esperanza también. Este año Jose Mari cumplirá 89 años. No ha tirado la toalla, nunca lo hizo, pero sabe que solo un golpe de suerte le podrá devolver a Julián.

Al día siguiente de enterrar a Timoteo, Asunción reconocía que por primera vez en muchos años había podido dormir tranquila, que sentía alivio. Esa palabra mágica negada a tantos. Jose Mari también anhela dormir con esa placidez. Saber que su padre no está perdido, que él sigue acordándose cada día de él