¿Dónde está el límite? ¿Es un halago que un hombre te diga un piropo o esa frase te hace sentirte intimidada? Si tiene dudas sobre su respuesta, le propongo cerrar los ojos e imaginar esta situación: sitúese en una reunión de trabajo, un vagón de metro o un ascensor. Da igual si conoce al tipo en cuestión o no, da igual cómo vaya vestida, él le suelta frases tipo "Vaya minifalda que llevas", "Hoy estás espectacular", "No sabía que además de tus ojos tus piernas fueran tan sexis". ¿Cómo se sentiría? Esas son frases que habitualmente una mujer tiene que escuchar cada día, en la calle, el autobús, en el trabajo demasiadas veces. Las miradas, las frases, las manos a veces impropiamente colocadas en la espalda o en la cintura son la lacra que a día de hoy, 2017, se sigue considerando por parte del sexo masculino como una muestra de aprecio. Que sentirse incómoda, acosada, violentada, es porque eres una tiquimiquis o una estirada.

La iniciativa servirá, sobre todo, para no repetir errores en las próximas generaciones

El Gobierno francés ha decidido cortar por lo sano: debatamos todos juntos qué es acoso y qué no. Qué es apropiado decir a una mujer y qué no, y según esos límites, quien sobrepase la línea será penado. Preparan una ley de acoso que se basará en la macroencuesta que están elaborando entre hombres y mujeres. Ellos decidirán si silbar a una mujer es un delito y, lo más interesante, reflexionarán durante unos minutos por qué lo hacen, qué buscan con ese gesto. Quiero pensar que servirá para que se pongan en la piel de ellas y entiendan que esa sensación, lejos de agradar nos hace sentirnos vulnerables, pequeñas, nos cosifica, esa palabra que tanto se usa pero que define perfectamente cómo nos sentimos: como un trozo de carne ante el que ellos babean. Y cuando esa sensación se produce en el ámbito laboral duele y nos hace mucho daño. Borra de un plumazo tu trabajo, tu esfuerzo, tus méritos.

Así que bravo por esta iniciativa de la ministra de Igualdad francesa. Bravo porque servirá para poner límites y para multar a quienes no entiendan que esos límites nos hacen retroceder a todos, a ellas y a ellos. Servirá para que juntos redefinan las reglas de convivencia. Y sobre todo, muy importante, para no repetir errores en las próximas generaciones.

Aquí estamos tan ocupados en desafíos independentistas, crisis de identidad nacional, que de esto ni hablamos. Bastante tenemos, pero insisto en lo que decía la semana pasada, en este mismo foro: están pasando tantas cosas a las que no prestamos atención que espero que unos y otros consigan ponerse de acuerdo porque, señores, hay mucho trabajo por hacer. Este, uno de ellos.