Es en 1977. El Senado debate el proyecto de Constitución remitido por el Congreso y el senador por designio regio Camilo José Cela y Trulock se duerme. El presidente Antonio Fontán logra hacerse oír por el durmiente y le señala que está dormido. Una vez restaurada su consciencia, Cela asegura que no, que está durmiendo, pero no dormido. Fontán –catedrático de Latín- le replica: "¿Y no es lo mismo?". Y el gallego zanja: "Pues, no. Como no es igual estar jodido que estar jodiendo", ocurrencia recibida con grandes risas y narrada luego cien mil veces.

Consta que se dirigió a la Cámara de esta guisa: "Senador presidente, Senatrices y Senadores"Pero en los noventa y seis diarios de sesiones del Senado y de su Comisión de Constitución, que recogen lo dicho en 1978 y 1979, no hay nada de eso; ni siquiera el 17 de junio, día que se da como fecha del suceso. Sí se menciona que el Sr. Cela "está off-side" -se equivoca en puntos reglamentarios y cree que se le priva de hablar cuando, en realidad, no le corresponde-.

Y consta que se dirigió a la Cámara de esta guisa: "Senador Presidente, Senatrices y Senadores". O que, tras cierta votación, al ser requerido para explicar por qué no había votado a favor, ni en contra, ni absteniéndose, replicó: "Estoy ausente" (debe decirse que se votaba un morrocotudo Convenio constitutivo de la Organización Internacional de Telecomunicaciones Marítimas por Satélites y Acuerdo de explotación de la Organización Internacional de Telecomunicaciones Marítimas por Satélite).

Conociendo a Cela, puede inferirse de modo razonable que propaló la falsa y chusca anécdota. Hombre leído como era, bien pudo tomarla de Antonio Ríos Rosas, político rondeño opuesto a Espartero y a Narváez y ministro con O'Donnell (tres de los espadones que mandaron en la España del siglo XIX).

Conociendo a Cela, puede inferirse que propaló la falsa y chusca anécdotaEra jurista competente, pero su fama principal le venía de su oratoria, apoyada en muchas lecturas y en una excelente verbalización. Diputado muchos años -llegó a presidir el Congreso en 1863-, fue despertado en su escaño por un amable colega, que se excusó suavemente por el gesto, diciéndole: "Don Antonio, es que estaba usted dormido". El andaluz repuso: "No, estaba durmiendo". Extrañado por el distingo, el amigo oyó esta explicación: "Tampoco es igual estar bebido que estar bebiendo". Don Antonio fue más comedido y urbano que Don Camilo, gran aficionado a su propia leyenda, que se pirraba por una buena frase y por descolocar al interlocutor.

Adivine ahora el lector en qué calle madrileña vivió unos años Don Camilo, mientras escribía su memorable La colmena: en la de Ríos Rosas, número 54. ¡Qué cosa!