"No es lo mismo estar jodido que estar jodiendo", nunca lo dijo Camilo José Cela

GUILLERMO FATÁS. CATEDRÁTICO DE HISTORIA Y PERIODISTAOPINIÓN
Guillermo Fatás, catedrático de Historia Antigua, periodista y escritor.
Guillermo Fatás, catedrático de Historia Antigua, periodista y escritor.
20MINUTOS

Es en 1977. El Senado debate el proyecto de Constitución remitido por el Congreso y el senador por designio regio Camilo José Cela y Trulock se duerme. El presidente Antonio Fontán logra hacerse oír por el durmiente y le señala que está dormido. Una vez restaurada su consciencia, Cela asegura que no, que está durmiendo, pero no dormido. Fontán –catedrático de Latín- le replica: "¿Y no es lo mismo?". Y el gallego zanja: "Pues, no. Como no es igual estar jodido que estar jodiendo", ocurrencia recibida con grandes risas y narrada luego cien mil veces.

Pero en los noventa y seis diarios de sesiones del Senado y de su Comisión de Constitución, que recogen lo dicho en 1978 y 1979, no hay nada de eso; ni siquiera el 17 de junio, día que se da como fecha del suceso. Sí se menciona que el Sr. Cela "está off-side" -se equivoca en puntos reglamentarios y cree que se le priva de hablar cuando, en realidad, no le corresponde-.

Y consta que se dirigió a la Cámara de esta guisa: "Senador Presidente, Senatrices y Senadores". O que, tras cierta votación, al ser requerido para explicar por qué no había votado a favor, ni en contra, ni absteniéndose, replicó: "Estoy ausente" (debe decirse que se votaba un morrocotudo Convenio constitutivo de la Organización Internacional de Telecomunicaciones Marítimas por Satélites y Acuerdo de explotación de la Organización Internacional de Telecomunicaciones Marítimas por Satélite).

Conociendo a Cela, puede inferirse de modo razonable que propaló la falsa y chusca anécdota. Hombre leído como era, bien pudo tomarla de Antonio Ríos Rosas, político rondeño opuesto a Espartero y a Narváez y ministro con O'Donnell (tres de los espadones que mandaron en la España del siglo XIX).

Era jurista competente, pero su fama principal le venía de su oratoria, apoyada en muchas lecturas y en una excelente verbalización. Diputado muchos años -llegó a presidir el Congreso en 1863-, fue despertado en su escaño por un amable colega, que se excusó suavemente por el gesto, diciéndole: "Don Antonio, es que estaba usted dormido". El andaluz repuso: "No, estaba durmiendo". Extrañado por el distingo, el amigo oyó esta explicación: "Tampoco es igual estar bebido que estar bebiendo". Don Antonio fue más comedido y urbano que Don Camilo, gran aficionado a su propia leyenda, que se pirraba por una buena frase y por descolocar al interlocutor.

Adivine ahora el lector en qué calle madrileña vivió unos años Don Camilo, mientras escribía su memorable La colmena: en la de Ríos Rosas, número 54. ¡Qué cosa!

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