Sonrisas, regalos protocolarios, un largo paseo por la Moncloa y horas de reunión. Pedro Sánchez y Quim Torra escenificaron este lunes un cambio de etapa. Para no romper este clima, Sánchez no se dio por aludido ni por el beligerante lazo amarillo que lució Torra.

Bajar la tensión, si no es a cambio de cesiones, es positivo. Las palabras pueden ser curativas, pero no siempre. Y más si no se pueden acompañar de obras.

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