Salir a la Gran Vía y caminar sin abrirte paso a codazos. Andar unos metros y comprobar que no te embota el ruido. La calle casi a la medida del ser humano. Y eso que es sólo un experimento, con vallas provisionales y cintas de plástico que parece que anuncien un derrumbe. La Gran Vía de Madrid llena de gente y no de coches, la revolución pendiente.