La ensoñación que acabó en pesadilla

ENCARNA SAMITIER. DIRECTORA DE 20MINUTOS
El expresident catalán Carles Puigdemont participa en una protesta contra la sentencia del procés, en Bruselas (Bélgica).
El expresident catalán Carles Puigdemont participa en una protesta contra la sentencia del procés, en Bruselas (Bélgica).
Olivier Hoslet / EFE

La confusión entre sueño y realidad es el gran tema de los clásicos españoles. Y ahora ha llegado a la jurisprudencia del Supremo, que ha dictaminado que los líderes independentistas jugaron con la ensoñación de la independencia para presionar al Estado.

La cosa no es nueva. Cervantes describe "la presteza con que se acabó, se consumió, se deshizo como en sombra y humo" el gobierno del escudero Sancho Panza en la Ínsula Barataria. Cervantes retrató también otro espejismo, el de una pareja de timadores, en El retablo de las maravillas. Y así, entre iluminados y estafadores, ha retratado el Supremo a los promotores de la independencia de quita y pon que tanto daño ha causado.

No se sabe qué es peor, si quedar de rebeldes o quedar de sediciosos trileros. Mas, Puigdemont, Torra, Junqueras y demás han transitado muy cerca de la astracanada... aunque para Cataluña y el resto de España haya resultado un drama. El precio de la función ha sido muy alto. Para ellos, en forma de una grave sanción penal. Para la sociedad, en forma de factura económica, división social, principios básicos democráticos socavados... En El Quijote, el caballero y el escudero aceptan la realidad. Y eso habrán de hacer, tarde o temprano, los condenados y huidos líderes de la ensoñación que acabó en pesadilla.

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