Qué tiempos aquellos en los que la palabra relato quería decir lo que hemos entendido siempre: un cuento, una narración literaria breve. Pero de repente, nos han cambiado el paso y ya no quiere decir lo mismo, y de eso nos hemos enterado con el problema catalán. Como se lo cuento.

¿No están hartos de escuchar a cualquier periodista, cronista político o tertuliano que se precie utilizar hasta la saciedad la palabra relato? Yo sí, porque no me están contando un cuento, que es lo que la mayoría entendemos por relato. Más bien creo que están traduciendo el inglés narrative por relato y lo que quieren decir en realidad no es ni narrativa ni relato, sino la versión y análisis propios  de las cosas. En este caso, creo yo, relato es un término metafórico que se utiliza en lugar de lo que se quiere hablar.

"Los independentistas han conseguido imponer su relato…", "El relato del proces…" ,"Lejos de la realidad queda el relato. Y el relato ayer lo han perdido los independentistas", "El artificio del relato catalán"... Esto y mucho más en un curso rápido para aprender la nueva acepción de relato y enterarnos de que lo que quieren contar es lo que ha pasado, según la versión del protagonista de la historia, del entrevistado o del propio cronista.

Es como cuando a Susana Díaz se le ocurrió que tenía que coser el PSOE. ¿Se acuerdan?A alguien se le ocurriría utilizarlo por primera vez y han corrido a copiarlo para incorporarlo por activa, pasiva y perifrástica en análisis, tertulias, opiniones, crónicas y discursos políticos. Como han hecho también con el verbo 'escalar' para referirse al aumento de la tensión. "Ha escalado la tensión" escuché en una tertulia política de una cadena de radio, pero mi asombro fue mayor cuando la misma persona hablaba de 'desescalar' el conflicto. Supongo que  lo que quería decir era que había que rebajar la tensión del conflicto, pero no dijo esto, que hubiera sido mucho más clarificador para el común de los mortales oyentes, dedicados ahora a aprender a marchas forzadas los nuevos significados de las palabras que se supone que se nos cuenta para que entendamos mejor de qué hablan los que saben.

Recordando a mi admirado Álex Grijelmo, creo que el genio del idioma no se puede aplicar a estos ejemplos. Esto no es el genio del idioma, esto no deja de ser una  moda a la que se han agarrado, raudos, políticos y periodistas, pero que igual que ha venido, se irá. O no.

Es como cuando a Susana Díaz se le ocurrió que tenía que coser el PSOE. ¿Se acuerdan? La frase hizo ¡bingo! Y a todas horas estábamos con la máquina en danza, para coser no ya el PSOE, sino también el PP, Ciudadanos, Unidos Podemos y lo que se pusiera a tiro de la aguja, incluso a la patronal.

Aunque estuvo bastante tiempo en el candelabro, la costura de la política acabó decayendo como decaerán están acepciones del relato, el 'desescalaje' o el 'desdimitir' que también escuché aplicado a un consejero de Puigdemont, porque más que aclarar, confunden.