¿Qué harás estas vacaciones? Desconectar. Todos respondemos lo mismo. No veo el momento de aparcar el trabajo y poner kilómetros por medio. Necesito descansar. Necesito desconectar. ¿Desconectar tú? ¡Y una porra!

Te vas a pasar el día pegado al móvil, como siempre, e incluso más pegado que de costumbre. Pendiente de las redes sociales, de los cien grupos de wasaps donde todos se empeñan en contarte minuto a minuto (con fotos, audios y vídeos tontos incluidos) lo bien que se lo están pasando en a tomar por saco. Por no hablar del Instagram, gente guapa, feliz, ociosa, descansada, desconectada.

¿Desconectados? ¡Y un jamón! Pero si vamos con el móvil a todas partes, retrete incluido. La cabeza baja, sin disfrutar de lugares increíbles porque estamos pendientes del Google Map para no perdernos, pero perdiéndonos más veces que cuando llevábamos un mapa de papel e ibas preguntando al personal en tu limitado idioma de guiri despistado.

Tirurí, tirurí, notificación estridente en medio del bosque, tu cuñado mandándote otra tontería de gatitos, y claro, le respondes rápido con emoticones porque ya se sabe, no le puedes dejar en leído y sin respuesta. Desconecta del trabajo. Y una mierda. Que nos lo digan a los autónomos. Un mensaje no respondido a tiempo, una llamada perdida, puede ser un bolo perdido, 50 euros menos que ingresas este mes por no haber andado listo.

Llamaron al siguiente de la lista. ¿Cómo era antes cuando cerrabas la puerta de casa, te ibas a la playa y en 15 días tu más cercana conexión con la realidad era quedarte dormido delante del telediario? Los teléfonos móviles serán inteligentes, pero nosotros cada vez lo somos menos. ¡Socorro, quiero desconectar en vacaciones!