El independentismo implosiona. El expresidente fugado exige a la Mesa del Parlament que curse su investidura ilegal aunque el Tribunal Constitucional rechace las alegaciones. Torrent ha puesto de momento pie en pared. Le exigen desde Bruselas que burle la ley y asuma el riesgo de ir a la cárcel mientras Puigdemont sigue comiendo mejillones en la Grand Place. La tesis de Tardà sobre el sacrificio de los patriotas no enrojece a los fanáticos del prófugo. Al soberanismo le revientan las costuras. Su guerra soterrada empieza a aflorar.