Es verdad que el paro cerró 2018 con la tasa más baja de la última década, pero creciendo la precariedad laboral. También es verdad que se crearon 562.000 empleos en un año, la cifra más alta desde 2006, pero fueron el turismo y la construcción los que tiraron del carro, mientras la industria, pilar básico para la economía, se retraía.

Es cierto igualmente que Andalucía, Madrid y Galicia recortaban el desempleo por encima de la media mientras Cataluña se quedaba atrás y Navarra sumaba más parados. Son verdades que nunca se deben esconder.