Primero fue Jordi Turull y su investidura fallida con tintes de funeral. Después, Jordi Sanchez, a todas luces imposible, y siempre que tenía que ser Puigdemont. Pero los más próximos al prófugo deslizaron que la candidata era Elsa Artadi, una persona tan cercana al iluminado líder que podía satisfacer su ego. Para no gustarles el artículo 155 lo que lo están alargando.