El Consejo de Ministras y Ministros, ese que igual podría llamarse Consejo de Gobierno, ha multiplicado los gritos que tachan de rancia a la RAE por su inmovilismo frente al lenguaje inclusivo. El caso es que a mí siempre me ha parecido abierta al progreso, que postureo está en el diccionario, aunque también tenía el runrún de qué pasaría si se revisara lo del masculino para todo porque el femenino es excluyente.

Para comprobarlo hice un experimento en una clase, de la que soy el profesor y hay mayoría de alumnas, utilizando de pronto "vosotras»" para referirme al grupo. El primer día me encontré con miradas de sorpresa. El segundo con cuchicheos y risas. Al tercero una chica me preguntó a qué venía la feminización del aula. Abrí el debate y, aunque los chicos no tenían problema en cambiar el género grupal, todos (y todas) pensaban que sonaba raro y generaba confusión.

La RAE recoge el uso del lenguaje y si realmente hay nuevas frases en la sociedad que evidencian la inclusión terminará por registrarlas en su gramática, pero con el tiempo. Los verdaderos cambios nunca llegan de hoy para mañana como pasa con las modas. Tampoco se hacen por postureo, ni por una mezcla de corrección y miedo como la que debe tener metida en el cuerpo el community manager de la RAE.

Lo que quizás también debería cambiar es el debate porque lo estamos llevando a la forma y no al fondo. Lo verdaderamente importante es que mis alumnos y alumnas tengan las mismas oportunidades de encontrar un trabajo, que les paguen sueldos idénticos, y que puedan tener hijos sin necesidad de hacer piruetas con los horarios ni de renunciar a sus carreras. Es en esa realidad excluyente donde necesitamos hablar igual todos, todas y todes.