Los que no tienen cola en la Feria del Libro

CARLOS GARCÍA MIRANDA. PERIODISTA
CARLOS GARCÍA MIRANDA
CARLOS GARCÍA MIRANDA
20MINUTOS.ES

Firmar en la Feria del Libro de Madrid es de lo que más ilusión hace cuando escribes. También aterra. Oficialmente, cientos de autores dedican libros en las casetas, pero la realidad es que solo unos pocos tienen avalanchas de lectores. La mayoría de los escritores pasan el rato flanqueados por cientos de ejemplares de los que solo firman unos cuantos.

La charla con el librero ayuda a llevar el apuro, aunque a alguno se le escapa que tenía que haber pedido la firma del muñeco de Geronimo Stilton, que ese agota existencias (le pasó a un amigo). Lo normal es vender a los lectores fieles que se consiguen al haber publicado unos cuantos títulos. Caen más si vienen amigos (dejan de hacerlo cuando llevas varios libros) y, en los peores casos, aparece tu madre haciendo que no te conoce y compra cinco novelas voceando que es lo mejor que ha leído en su vida (esto también le pasó a un amigo).

Una firma sin firmar la sufren hasta a los que tienen premios. Es parte del oficio, igual que encontrarse otro día con una fila de lectores ansiosos. Los únicos que van a la Feria a tocar el cielo son los famosos. Algunos les tachan de intrusismo, pero su presencia es un reclamo y permite que siga en marcha una maquinaria editorial a la que le chirrían las cadenas desde que está de moda la piratería.

Lo que está pasadísimo es leer. En el metro se ha cambiado el libro por el móvil y el capítulo que se leía antes de dormir ahora es de una serie en el ordenador. La lectura es algo exótico y eso va traer consecuencias (probablemente negativas). Con este panorama, dedicarse a escribir es de valientes. Si ves en la Feria la firma desierta de un escritor, acércate a echarle un ojo a su libro, que solo eso ayuda. Y ya si le pides que te lo dedique, le haces padre.

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