Envidiado -sanamente- padre 2017: ya no recuerdo los días libres que mi generación tenía por paternidad, pero creo que no eran más de dos. Y ni te cuento el que tenían las madres que parían los hijos a fuerza de contracción y sin la bendita epidural de ahora. Nos hemos pasado la vida cantando las excelencias de la maternidad, de la lactancia y de la implicación de los padres en un hecho tan trascendental. Hablar hemos hablado mucho, pero a la hora de la verdad, ya te digo, amigo, par de días para nosotros y tres meses justos para ellas, que si se pedían 20 días antes de parir se descontaban de ese total paupérrimo de los tres meses. Esto parece ahora un desatino. Lo parece ahora, pero lo ha sido siempre. Aquello era predicar y no dar ni trigo ni tiempo.

El problema, querido padre 2017, no creo que sea tanto de días -que también- como de conciencia

Veo que las cosas van cambiando y aumenta el número de permisos por paternidad desde el momento en que también ha aumentado la duración del mismo hasta un mes. Tampoco es que la cosa vaya equilibrándose en número reales, pero sí en porcientos porque según informaba este mismo diario, hemos pasado de 59.549 hombres que han pedido el permiso a 63.354. Si el total aún parece corto, al menos se ha logrado revertir una tendencia a la baja que había llegado a un 2,17% en 2015 y ha aumentado ahora en un 6,39%. Lo más alentador son las noticias que llegan de Bruselas que -escarmentada tal vez por el casi fracaso de las políticas de austeridad- intenta ampliar estos permisos a 4 meses. El problema es quién va a pagar el gasto que esto supone, porque conviene recordar que hace un par de años Bruselas retiró una propuesta para ampliar a 18 semanas remu-neradas el periodo mínimo de permiso maternal en la UE, por el rechazo expreso de once Estados miembros, entre ellos Reino Unido, Francia, Alemania, Dinamarca, Suecia y Países Bajos, o sea, lo más granado y avanzado de la viejo continente.

Pero el problema, querido padre 2017, no creo yo que sea tanto de días -que también- como de conciencia. Porque los días se agotan, pero lo hijos siguen y por tanto la necesidad de conciliar de verdad trabajo y familia. Y para eso habría que cambiar muchas cosas al menos en nuestro país: los horarios de los colegios, las vacaciones, la flexibilidad, el trabajo desde casa… demasiadas cosas que no terminan de calar en una sociedad anclada en un modelos capitalista obsoleto.

De cualquier forma, padre 2017, se ha abierto el camino y ojalá disfrutes ahora de tus hijos lo que quien esto suscribe tuvo que vivir de lejos. Cuando sean adolescentes, vendrán los dolores de cabeza.

Felicitación de este abuelo que lo es, Andrés Aberasturi