Diego Carcedo  Periodista
OPINIÓN

Chile consuma la división

El candidato del Partido Republicano (ultraderecha) a la presidencia de Chile, José Antonio Kast, y el candidato del Frente Amplio (izquierda), Gabriel Boric.
El candidato del Partido Republicano (ultraderecha) a la presidencia de Chile, José Antonio Kast, y el candidato del Frente Amplio (izquierda), Gabriel Boric.
ELVIS GONZÁLEZ - ALBERTO VALDÉS / EFE

Las elecciones presidenciales que se celebraron este fin de semana consuman la división que se viene acentuando desde hace algún tiempo entre la sociedad chilena. Como era previsible, ningún candidato alcanzó la victoria y los dos que obtuvieron mejores resultados, el ultraconservador José Antonio Kart con un 28 por ciento y el joven activista de la Alianza de Izquierdas, Gabriel Boric, con el 25,5. se disputarán la victoria el diecinueve de diciembre.

Tanto el desarrollo de la campaña como el resultado estuvieron marcados por las secuelas de la reciente etapa de protestas contra el deterioro de las economías domésticas y la impopularidad del Gobierno de Sebastián Piñera, que abandona su mandato en medio de un gran rechazo, incrementado por las revelaciones sobre las sospechas de corrupción que revelan las cuentas que se le atribuyen en paraísos fiscales.

El resultado electoral deja al margen la alternancia entre izquierdas y derechas tradicionales que se mantuvo desde el final de la dictadura de Pinochet y abre un paréntesis de dudas y temores. Los dos candidatos ofrecen perfiles e ideas políticas más que diferentes enfrentadas que mantienen alrededor corrientes de opinión muy activas e inconformistas. La preocupación es lógica.

Chile ofrece una trayectoria en la vida política muy activa. Todavía continúa latente la convulsa etapa de Salvador Allende, el sangriento golpe de Estado y las cicatrices de la represión pinochetista. La campaña en estas tres semanas promete ser intensa y se teme que agitada. Ambos candidatos cuentan entre sus seguidores grupos violentos.

Las previsiones dependen de los acuerdos que ambos candidatos consigan con los demás partidos que se reparten casi la mitad de los votos. De esos acuerdos hipotéticos dependerá también la radicalización o moderación del Gobierno que surja. Las elecciones han sido correctas y pacíficas, pero la división de la sociedad que dejan, lejos de quedar amortiguada se agita con los temores recíprocos que el resultado despierta.

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