¿Lo sabía?

Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo.
Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo.
EFE

Como la gota de agua que cae sobre una piedra y que, con el tiempo, acaba por horadarla, hace décadas que caen sobre la Santa Sede las denuncias sobre el cura mexicano Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo. 

Este sinvergüenza no solo se dedicaba a fundar colegios para ricos; durante toda su vida mantuvo la costumbre de abusar sexualmente de numerosos niños (más de 60 reconocidos) que caían en sus manos. 

Muchos de estos, una vez ordenados sacerdotes, abusaban a su vez de otros críos, y estos de otros, en una cadena de crímenes que pone los pelos de punta porque se basaba en la impunidad: eran demasiado poderosos para que nadie se metiera con ellos.

Todo esto ha sido reconocido por el Vaticano y por la propia Legión de Cristo. El papa Benedicto XVI apartó a Maciel del sacerdocio en 2006. El perverso cura falleció hace ahora doce años. Pero la cuestión no es esa. 

Maciel fue extraordinariamente favorecido por el papa Juan Pablo II. El pontífice polaco viajó cinco veces a México entre 1979 y 2002, y el que lo organizaba todo era Maciel. El papa se lo agradecía pública y clamorosamente, mientras las denuncias contra el mexicano –siempre ignoradas, siempre desatendidas– llegaban a Roma desde muchos años atrás. 

Y siguieron llegando hasta que la gota de agua partió la piedra. Juan Pablo II murió en abril de 2005. Fue canonizado a la velocidad del rayo, solo nueve años después, por Francisco. 

La pregunta sale sola: ¿Karol Wojtyla sabía de las canalladas de Maciel? Está claro que el Vaticano sí, pero no siempre es lo mismo: por eso renunció Benedicto XVI. Pero si el santo Wojtyla lo sabía, alguien va a tener que dar muchas explicaciones sobre su santidad. Muchas.

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