Cuando al actor no se le pide talento, sino seguidores y 'likes'

Lola Herrera con Mercedes Milá
Lola Herrera con Mercedes Milá
Movistar Plus
@borjateran
  
la pantalla como reflejo de nuestro tiempo

"Para ser actriz, piden a ver cuántos seguidores tienes en las redes. Se ha convertido en un mundo de ficción. Tengo un millón de amigos, ¿cómo vas a tener un millón de amigos? No los conoces, ni siquiera sabes quiénes son. Todo es un despropósito". Así ha reflexionado Lola Herrera con Mercedes Milá, en MilávsMilá de Movistar Plus, sobre la manera en la que a un actor ya no le basta con el talento. También necesita un buen puñado de followers que, a menudo, se confunden con amigos. Y ahí está el problema que la industria de ficción no parece dispuesta a afrontar y analizar.

Contar con muchos seguidores en redes sociales puede dar la sensación de que garantiza una visibilidad poderosa de la producción en la que participa una actriz o un actor. Pero, en realidad, en la práctica, no suele asegurar nada. Porque seguir y dar likes a una persona en Instagram no siempre es sinónimo de implicación con su trabajo actoral.

Se estudia el denominado 'engagement' de los perfiles en las redes sociales. Esto es, el índice de compromiso de aquellas personas que te siguen (followers) a la hora de interactuar con las publicaciones diarias. Si dan 'me gusta', comentan, se guardan las fotos, las comparten... Esa fidelidad es analizada por marcas, productoras y algoritmos para tomar el pulso a la influencia real de una persona con presencia en redes.

Pero hay intérpretes con un 'engagement' aparentemente gigante y, en cambio, estrenan una película o una obra de teatro y no movilizan como se espera a ese público que supuestamente está tan atento a su perfil a diario. ¿Cómo es posible esto? ¿Por qué una protagonista de Élite con seis millones de seguidores en Instagram no es capaz de llenar todo los días el Teatro Español cuando actúa en una obra ahí? Surge, por tanto, otro concepto importante como baremo de análisis del tirón de un actor: 'derivar'.

En el uso de redes, el verbo 'derivar' se refiere, como su propio nombre avanza, a la capacidad de alguien para hacer que sus seguidores, que le siguen por su estrellato en alguna serie concreta, se movilicen con el mismo ímpetu cuando ese artista estrene una nueva película, obra de teatro o publique un libro. En definitiva, que se movilicen cuando haga un trabajo distinto del que ha provocado que le hayan seguido de forma masiva. Un ejemplo: Úrsula Corberó, protagonista de La casa de papel  con 24 millones de seguidores en Instagram tras el éxito de la serie. Dato espectacular que, sin embargo, no ha impedido que las últimas aventuras cinematográficas de esta actriz (El árbol de la sangre, Snake eyes) no hayan atraído al público.

"Todo, como recalca Herrera, parece un mundo de ficción, un reality de poses superficiales y fotos retocadas donde es sencillo deshumanizar hasta la realidad más cruda".

A la hora de la verdad, muy pocos logran movilizar a su público de una forma eficaz o infalible. Porque, como sentenciaba Lola Herrera, no son amigos de verdad. Los followers no están implicados con tu trabajo. Sus likes de usar y tirar representan más la superficialidad de las relaciones en tiempos de redes, donde a través de la pantalla es más complicado generar un vínculo de complicidad consistente y, por tanto, no hay compromiso de ningún tipo. Todo, como también recalcaba Herrera, parece un mundo de ficción, un reality de poses superficiales y fotos retocadas donde es sencillo deshumanizar hasta la realidad más cruda.

Quizá la forma de que los actores creen esa ansiada comunidad es relativizar sus fotos de mundos idílicos e intentar hacer partícipes a sus seguidores del esfuerzo y constancia que hay detrás de cada trabajo. Pero entonces, como las fotos no serán tan bonitas ni tendrán cielos tan azules, tendrán menos likes. Porque es lo habitual: un selfie de un actor o actriz puede acumular miles de likes, pero el cartel de su nueva película o su nueva obra... acumulará muchos menos corazones. Un círculo vicioso que debe recordar a los productores que, para que una buena obra de ficción destaque debe sustentarse en un buen trabajo y una comunicación coherente. Los followers, muchas veces, no tienen ni nombre propio, son sólo apariencias que representan la volatilidad de nuestro tiempo, donde la fidelidad de esos seguidores dura tan poco como el corazón que aparece fugazmente en pantalla cuando haces doble clic.

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