Los dos acusados de apalear a un joven con una barra de hierro en la cabeza en Torrelavega en agosto del año 2008, supuestamente por su relación con la ex novia de uno de ellos, han negado este lunes los hechos y además han afirmado sentirse mutuamente "presionados" o "extorsionados" por el otro para no hablar e incluso para dar una coartada falsa.

En su declaración ante la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Cantabria, donde se juzgarán los hechos hasta el próximo jueves, los acusados, O.M.R.C. y D.D.C., han cambiado sus versiones respecto a las que ofrecieron en Comisaría y ante el Juzgado de Instrucción, cambios que uno explica porque ahora tiene otro abogado, y el otro porque en sus declaraciones iniciales se sentía "presionado" por el otro procesado.

Además, han insinuado o dejado entrever que el autor de la agresión pudo ser el otro. El primero ha afirmado que aunque no lo haya hecho él, se siente "responsable" si el motivo de la agresión gira "en torno" a él; y el segundo ha señalado que "intuye" que lo hizo su amigo, aunque no se lo haya confesado.

El fiscal pide penas de 15 años de prisión para los dos procesados, a los que imputa un delito de asesinato con alevosía y enseñamiento en grado de tentativa. También propone que indemnicen con 200.000 euros a la víctima, que sufrió graves lesiones en el cráneo y la cara y le ha quedado una discapacidad del 50 por ciento.

En sus calificaciones iniciales, el fiscal sostiene que uno de los acusados, O.M.R.C., citó a la víctima el 28 de agosto de 2008 en las inmediaciones de La Lechera, en Torrelavega, haciéndose pasar por un cliente interesado en comprarle unos productos, aunque su intención era acabar con su vida, porque creía que su ex novia salía con este joven.

Según su relato, O.M.R.C. pidió al otro acusado, D.D.C., que le acompañara para realizar labores de vigilancia, seguimiento o distracción. Sin embargo, ambos procesados niegan tales acusaciones. De hecho, O.M.R.C. asegura que ese verano no estuvo en La Lechera, aunque aclara que acudió un día en Torrelavega junto a D.D.C., quien, a su vez, precisa que al llegar a la ciudad se separaron y sólo se reunieron de nuevo para regresar a la localidad campurriana de Olea, donde residía uno y veraneaba el otro.

"presionado" para no hablar

El acusado de planear el ataque y materializar supuestamente la agresión, O.M.R.C., no sólo niega haber estado en La Lechera, sino que rechaza también haber amenazado telefónicamente al joven agredido, al que afirma no conocer. Sí que reconoce que habló una vez con él, pero al devolver una llamada perdida, sin saber de quién se trataba, y "en ningún momento" amenazó con "partirle la cabeza" —como sostiene el fiscal—, porque "nunca" ha amenazado "a nadie".

En cuanto al teléfono móvil desde el que se realizó la llamada citando a la víctima en La Lechera, comprado a nombre de otra persona, O.M.R.C. no tiene "ni idea", aunque estaba en su vivienda cuando la Policía acudió a registrarla. Explica, al respecto que un día se encontró un móvil en una cuneta, y además, D.D.C. también le entregó un teléfono y una tarjeta a final de verano, porque él le había prestado otros.

Su declaración en la vista choca con sus testimonios iniciales e incluso con el informe de los peritos psicólogos propuestos por su defensa, quienes aseguran que en una entrevista en marzo de 2010 les explicó que "diseñó, participó y colaboró" en los hechos, aunque la intención sólo era darle al joven "un susto".

Según han señalado los peritos, el acusado les contó que pidió a otro chico que conocía que amenazara a la víctima mientras él esperaba en la furgoneta, pero cuando el otro regresó vio que estaba manchado de sangre y se "asustó", porque no pensaba que se iba a desencadenar una situación tan violenta.

Frente a esto, O.M.R.C. subraya que eso es lo que dice el perito, pero él lo niega. Y en cuanto a otros cambios en su versión de los hechos, por ejemplo sobre la compra del móvil, lo achaca a "presiones" del otro acusado, que a medida que las investigaciones policiales se centraban en su entorno le advirtió: "Ya sabes lo que les pasa a los chivatos y a sus familias", y le comentó que no dijera nada.

Además, aunque no señala directamente a su amigo como responsable de la agresión, afirma que se siente "responsable en cierta manera" si se demuestra que fue él. "Me siento responsable si esto se enraíza en algo que gira en torno a mí. Aunque yo no lo haya realizado, creo que tengo una responsabilidad", ha resaltado O.M.R.C., quien compara esa responsabilidad con la que, a su juicio, tiene el ex presidente español Felipe González en el caso GAL, aunque lo desconociera.

"extorsionado" para implicarse

Mientras él se siente presionado por el otro acusado, éste, D.D.C., afirma abiertamente haber sido "extorsionado" por O.M.R.C. para que se implique en los hechos, hasta el punto que, según sostiene, le ha llegado a plantear posibles coartadas. Es más, considera que él es otra "víctima" en este proceso en el que "intuye" que O.M.R.C. es el autor de los hechos, aunque no se lo haya confesado.

D.D.C. ha señalado que no ha estado "jamás" con el otro acusado en La Lechera y ha comentado que el día que fueron a Torrelavega se separaron al llegar y después O.M.R.C. le llamó para volver a Olea. Según dice, en el camino de regreso le notó "distinto, raro".

Asimismo, ha reconocido que sustrajo un móvil de una floristería —con el que se envió un mensaje a la chica— porque se lo pidió O.M.R.C.. "Si llego a saber para qué se utilizó después, desde luego que no lo hago", ha enfatizado el acusado, quien ha negado en cambio haber comprado el teléfono con el que se citó a la víctima. También ha admitido haber recogido en un bar de Reinosa, a petición del otro procesado, una bolsa con el móvil de la chica, supuestamente para borrar unos mensajes.

D.D.C., que según ratifican las peritos tiene una adicción "moderada" a la cocaína, también ha cambiado la versión de los hechos desde sus declaraciones iniciales. Por ejemplo, ahora niega que el otro acusado le ofreciera dinero para autoinculparse, como sostuvo en declaraciones previas.

En su caso, las variaciones en su versión las achaca a un cambio de abogado, porque su primer letrado le asesoró "muy mal" y le dijo que había que hacer las cosas "a su manera". "Me dijo: O eso, o te consigues otro letrado", ha apostillado.

Golpeado con una barra de hierro

En la primera sesión del juicio —que continuará este martes con la declaración de varios testigos, entre ellos el joven agredido—, han testificado ya los peritos, incluidos los forenses de la acusación particular, que acreditan que las lesiones sufridas por la víctima son compatibles con una barra de uña, como las que se utilizan en la construcción, y a las que tiene acceso O.M.R.C.

Los forenses han detallado que la víctima recibió primero un golpe en la cabeza, por la espalda, que le dejó inconsciente, y después, ya en el suelo, se repitieron los golpes en la cara y también en el pecho, donde recibió patadas. A su juicio, el propósito del agresor era deformarle la cara.

Fruto de la agresión sufrió lesiones "de grandísima gravedad", hasta el punto que los huesos de la cara llegaron a separarse de los del cráneo, perdió nueve dientes y la vista total en un ojo y, de no haber sido por la rápida intervención médica, habría fallecido. A preguntas del abogado de O.M.R.C., han precisado que no hace falta una especial fuerza física o corpulencia para causar tales lesiones con una barra de hierro.

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