Francia vivió este sábado una nueva jornada de protestas contra la reforma de las pensiones, con 825.000 manifestantes según el Gobierno y tres millones según los sindicatos, en la novena protesta desde marzo pasado, mientras prosigue el bloqueo de las refinerías.

Las refinerías centraban el foco de atención del país, pendiente del efecto que el bloqueo tendría en el suministro de combustible, mientras el Gobierno multiplica los llamamientos a la calma y aseguraba que no había riesgo de penuria energética.

Las doce centrales del país estuvieron cerradas en los últimos días, lo que provocó que la patronal del sector se viera obligada a hacer uso del producto almacenado. Los sindicalistas bloquearon el viernes algunos de estos depósitos, lo que provocó que más de un centenar de gasolineras se quedara sin suministro.

Los camioneros han iniciado el bloqueo de varias carreterasDurante horas la tensión se centró en el aeropuerto de Roissy-Charles de Gaulle, el mayor del país, donde el oleoducto que alimenta las reservas de combustibles para los aviones estuvo parado y las reservas no permitían garantizar el suministro durante más de 48 horas. Sin embargo, el suministro se retomó durante la tarde.

Según el diario La Tribune, la Dirección General de Aviación Civil (DGAC) había pedido a las compañías que efectúan vuelos de larga distancia que vinieran a París con los depósitos lo más cargados posibles para asegurarse el retorno.

El movimiento que ahora encabezan los trabajadores de las refinerías sigue secundado por los ferroviarios, que mantienen paros en los trenes, así como por los camioneros, que han iniciado movimientos de bloqueo de ciertas carreteras. También están parados los depósitos de gas natural y muchos de los puertos de mercancías del país.

Novena jornada de protestas

En paralelo, la jornada de protesta callejera pareció tomarse un respiro, cuatro días después de la última huelga general y tres antes de la siguiente, al menos si se toman las cifras del Gobierno (825.000personas), que consideró que hubo menos manifestantes que en las últimas concentraciones.

La lluvia y el frío fueron las excusas esgrimidas por los sindicatos para explicar que la movilización no fuese a más, aunque las centrales aseguraron que hubo unos tres millones de personas en las calles, tantos como la última jornada de huelga.

La Cámara alta tiene previsto votar la reforma de las pensiones el próximo miércoles, por lo que la víspera los sindicatos han convocado una nueva huelga general. Será la verdadera prueba de fuego para esta estrategia de oposición a la reforma de las pensiones, mientras el frente sindical parece perder su unidad.