El Padrino de la prostitución

La dirección había convocado a las chicas a una sesión de fotos para promocionar los servicios en la Red ante la intención de Zapatero de vetar los anuncios en prensa.
La dirección había convocado a las chicas a una sesión de fotos para promocionar los servicios en la Red ante la intención de Zapatero de vetar los anuncios en prensa.
DGP

La Policía irrumpió en el inmueble en el momento en que Kas Saleh leía la prensa recostado en la cama de su fastuoso chalet madrileño y minutos antes de que el servicio doméstico le subiese el desayuno a la habitación. Apartó la sábanas con el estómago vacío y mostró templanza. Una falsa serenidad que se evaporaba cada vez que la cámara de vídeo no le apuntaba directamente al rostro. Comenzaba la Operación Afrodita.

En ese mismo instante, un centenar de agentes de la Policía Nacional registraban otros 35 inmuebles en la capital y desarticulaban una gran red de prostitución que explotaba sexualmente a 350 mujeres de diferentes nacionalidades y monopolizaba el 50% de los anuncios de contactos publicados en los principales periódicos nacionales.

La clave del éxito fue la compleja y escrupulosa investigación desarrollada los siete meses previos a la intervención policial. Esa precisión logística permitió derribar el pasado lunes toda la estructura piramidal de la organización criminal. Desde el director general hasta el personal de administración. Un total de 105 detenidos que se lucraban de la actividad de las jóvenes.

Kas, el hombre de 63 años, origen saudí y nacionalizado español desde 1999, apartó los diarios en los que invertía hasta 45.000 euros al mes para anunciar los burdeles de lujo que le habían convertido en un respetado magnate de la prostitución, ofreció bebidas del mueble bar a los agentes que habían irrumpido en su casa y durante el registro se acomodó en un sofá de cuero blanco con panorámica a la amplia piscina de su chalet.

Los 700.000 euros mensuales de beneficios que le reportaban sus casas de citas –en activo desde hace 15 años– le habían alzado al olimpo del exceso. Vestidores repletos de trajes y ropa de diseño. Primeras marcas italianas. Corbatas y pañuelos de seda ordenados por gamas de colores. Dos Porches. Un Jaguar. Y una discoteca en la planta baja abierta las 24 horas para clientes selectos.

Pero la cuadratura del círculo no era perfecta. El aire acondicionado estaba roto. Y la Policía se incautó de suculenta documentación financiera de los burdeles y las quince sociedades mercantiles que había creado la red para ocultar y gestionar los prostíbulos. Sustanciosa información que permitirá demostrar el entramado de sociedades. Las conclusiones básicas son dos: Kas Saleh no esperaba la visita policial. Y el entramado empresarial flirteaba más con la apariencia que con el lujo.

Los registros efectuados en las casas de citas confirman esta idea. Los armarios de las chicas estaban repletos de zapatos y trajes falsos de firmas caras con el objetivo de aparentar distinción para clientes exquisitos. Además, las jóvenes sobrevivían en el backstage de las habitaciones equipadas con jazuzzi, seda y botellas Veuve Clicquot. Pequeños habitáculos sin ventilación ni luz natural, con taquillas deterioradas y roídos sofás en los que esperaban hacinadas la llegada de selectos puteros. Un cubículo similar a las celdas de prisión en las que Kas Saleh deberá sobrevivir los próximos meses.

‘Call center’ para los anuncios de prensa

Un grupo de atractivos anuncios de contacto aparentemente inconexos que se repetían de forma de forma asidua en las principales cabeceras nacionales fueron el germen de la investigación. La intervención policial en los prostíbulos ha permitido determinar que las llamadas de los clientes eran centralizadas a una sala con ocho líneas de teléfono con su correspondiente anuncio insertado de forma que, antes de responder al teléfono, la mujeres del ‘call center’ sabían a qué tipo de anuncio se refería el cliente y qué tipo de información sobre servicios o tarifas debían ofrecer.

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