Niños de Burkina Faso
La escuela de Saya acoge a 300 niños, el doble que en 2004. M.C.

La conocí al final del viaje y lo resumió todo. Azeta Zango tiene 20 años. A los 17 su familia la dio en matrimonio. "Soy la coesposa. Cuando me dijeron que mi marido (40) tenía otra mujer (30) no me gustó. Pero es la tradición. Si te niegas, te echan del pueblo".

Soy la coesposa. Cuando me dijeron que mi marido tenía otra mujer no me gustó

Es la ley que late en el corazón de África, donde miles de familias no pueden ver el Mundial de Fútbol. En sus casas de adobe no hay luz ni agua. Tampoco mucho que comer: los más humildes sobreviven con entre 40 y 150 euros al año. La joven está en Ouahigouya, la cuarta ciudad de Burkina Faso (antiguo Alto Volta), uno de los países más pobres de la tierra. Su hijo, de 10 meses, está desnutrido. No es el único. En el Centro de Recuperación y Educación Nutricional en el que está salvarán su vida.

"Aquí estoy bien, pero llegan las lluvias y tengo que ir al campo con mi familia". Azeta es del Yatenga, la región más pobre, donde la tierra es poco fértil y el 92% vive de lo que siembra: mijo, maíz, cacahuetes... Cuando regrese a su pueblo, llevará toda la carga de la casa: irá a por agua y a por leña, molerá el cereal... Burkina tiene una de las tasas de natalidad más alta del mundo (7 de media). Azeta ya ha tenido tres hijos, aunque el primero murió. A los dos años, su niño dejará la leche materna para comer del plato familiar, bajará de su espalda para trabajar en la tierra y con los animales, beber de los charcos y caminará descalzo.

Aquí los niños, el futuro de África, son lo menos importante de la familia

Aquí los niños, el futuro de África, son lo menos importante de la familia. Antes enterraban a uno cada semana. Ahora es raro el mes que esto ocurre. "Escuchar esto a un viejo del Yatenga justifica mi labor", dice Víctor Ruibal, director de Bibir (ONG conocida aquí como Intervida), que trabaja en la zona "a largo plazo" para que llegue el día en que Azeta y los suyos caminen solos.

La organización está en 49 colegios, gran motor del cambio de este país. Además, construyen huertos, molinos y pozos de agua. La de Azeta es sólo una historia dura. En Burkina hay tantas como baobabs, el árbol de El Principito.