Aeropuerto de Arlanda
Varios pasajeros se acomodan en la terminal del aeropuerto de Arlanda. Leif R Jansson / EFE

Lascenizas procedentes de la erupción de un volcán islandés bajo el glaciar Eyjafjälla han alcanzado Reino Unido, Irlanda, Dinamarca, Finlandia, SueciaNoruega Alemania, Holanda y Bélgica y están causando fuertes perturbaciones en el tráfico aéreo, con numerosas cancelaciones de vuelos.

Esas perturbaciones han afectado a Diana Sánchez, una española que debía tomar este jueves un vuelo desde Estocolmo (Suecia) de regreso a España: "Cuando esta mañana nos dijeron que el espacio aéreo de Noruega se cerraba, no reaccionamos lo suficientemente rápido. Pensábamos que la nube de humo no llegaría a Suecia, pero un par de horas más tarde el caos ya era absoluto en el aeropuerto de Arlanda" asegura la española.

La erupción es un desastre natural, por lo que las compañías no se hacen cargo

Situado en el municipio sueco de Sigtuna, a unos 42 kilómetros al norte de la capital, Estocolmo, y a 31 al sur de Uppsala, el de Arlanda es uno de los aeropuertos más importantes de Europa. Según cuenta Sánchez, la terminal es una sucesión de mostradores llenos, en los que siempre se recibe la misma explicación: "No sabemos cuando se reabrirá el aeropuerto".

Y es que la erupción de un volcán es un desastre natural, y aunque parezca una obviedad es un hecho fundamental, porque las compañías aéreas no se hacen cargo de las molestias causadas por las cancelaciones.

Otras opciones de transporte en Estocolmo están también descartadas. "Tampoco se puede salir por tren: a las 3.30 de la tarde todos los trenes que salen de Estocolmo están llenos, tampoco hay billetes libres para el viernes", se lamenta la española atrapada en la capital sueca.

La desesperación de los usuarios se hace cada vez más grande, ya que "las noticias que corren de boca en boca son preocupantes. El volcán continua en erupción y esta situación podría prolongarse días, quizá semanas. Los espacios aéreos de los países colindantes van cerrando uno tras otro, como las fichas de un dominó que caen en cadena", dice Sánchez.

Nos queda esperar, o tal vez alquilar un coche hasta París, si encontramos alguno libre

Bloqueados en el aeropuerto por un tiempo ilimitado, toca preocuparse por el alojamiento. El hotel de aeropuerto está ya saturado y los viajeros deben bajar a la ciudad y tratar de encontrar una de las ya escasas plazas hoteleras que quedan en Estocolmo. La española ha tenido suerte: "Una amiga me presta su casa".

"Dos estonios que estaban en mi grupo y que hasta ahora estaban atrapados con nosotros han podido coger un ferry hasta Estonia. A nosotros nos queda esperar, o tal vez alquilar un coche hasta París, si encontramos alguno libre", narra Diana Sánchez.

En el aeropuerto las escenas más conmovedoras se ven en torno a las familias con niños. La española ha podido ver "las caras de preocupación de los padres" y cómo "la gente se acomoda en las cintas transportadoras de los mostradores y las cafeterías están llenas".

Mientras, la gente con más recursos intenta salir del atolladero. "Oigo a un hombre de negocios decir que alquilara un coche e intentara llegar hasta París para desde allí tratar de cruzar hasta Londres en el Eurotren", explica Sánchez, que añade que "una cumbre entera de noruegos se ha quedado atrapada y viaja esta noche en un autobús de alquiler hasta Oslo".