Repartidor 20 minutos
Los repartidores de '20 minutos' de Oviedo. Archivo

Reparten el periódico 20 minutos cada mañana temprano a viajeros de metro, de tren, viandantes y demás trabajadores que madrugan para ir a sus oficinas o empresas. Conoce las historias de algunos de ellos.

Periódicos y electrónica
Jorge Zamora y Manu Cabañete. 35 y 32 años

<p>Jorge Zamora</p>Jorge y Manu reparten 20 minutos en furgoneta en Valencia. Pero, además, comparten tarea nocturna: ambos se dedican con pasión a la música electrónica. Jorge Zamora hace más de quince años que se enredó en el hedonismo de los clubes: «Me di cuenta de que podía ir a una discoteca, pasármelo bien y encima ganar algo». Jorge es muy conocido como dj y, además, compone y produce música. «Tiene el poder de unir a personas de todas partes del mundo sin importar la distancia, la raza, la ideología o religión. La música es libertad, ésa es la verdadera religión». Como jefe de equipo, hace cuatro años que se encarga de llevar los diarios a un equipo de repartidores y otros puntos: «Se compagina bien: cinco horas al día, madrugar un poco...».

<p>Manu Cabañete</p>Manuel Cabañete (dj Manu Kane) piensa igual: «Este trabajo me da mucha libertad. Se puede hacer música y rendir en el reparto. Si el día de mañana consigo reconocimiento internacional, ya cambiaría mi situación». Centrado en la producción musical, está muy satisfecho de sus últimos remixes y busca promocionarse fuera de España. «Jorge empezó bastante pronto, él fue un niño prodigio, y yo iba a bailarle a él», dice Manu. Se conocen y se admiran, aunque no han llegado a trabajar juntos.

Control, emoción, riesgo
Joaquín Ortega. 35 años

<p>Joaquín Ortega</p>La vida de Joaquín ha sido, hasta hace poco, digna de ser filmada: gestión y control por las mañanas, golpes y atropellos el resto del tiempo. Como jefe de servicio, ha llevado el plan operativo de reparto en una amplia zona de Madrid durante ocho años. Ahora empieza una nueva etapa, en la que su otra faceta resulta vencedora: es actor especialista y, como tal, dobla muchas de las escenas de acción que se ruedan en España (en Alatriste, Salvador o en las series Padre Medina o Amar en tiempos revueltos): explosiones, armas, coreografía de lucha... Ostenta el récord Guinness (desde 2006) de caída de escaleras: 134 escalones en la ermita de Bielva en Cantabria. «Estoy a la búsqueda de escaleras que lleguen a 200 peldaños para romper mi propio récord». Titulado por la ESAD de Sevilla, tomó cursos de actor especialista en Cinecittà, en Roma. Más tarde puso en marcha su propia empresa (No-Identity), en la que gestiona escenas de acción con la ayuda de otros actores. «Hace tres años me metí fuego en la puerta durante la entrega de los Goya». Y lo cubrieron los medios. Llamaba la atención sobre el reconocimiento al trabajo del doble de acción. «Me tengo que conformar con el Goya a los efectos especiales».

Amor en la ruta
Manolo Barco. 29 años

<p>Manolo Barco y Marta</p>Manolo fue repartidor en mano muy al principio de la historia de 20 minutos, así que conoce muy bien las vicisitudes del trato con el público. Después, pasó a tener su propio equipo y una ruta en Barcelona provincia, trabajo que lleva haciendo sin faltar desde hace cuatro años. «Yo tenía un repartidor en el mismo punto donde ella trabajaba y la veía todos los días». Marta era repartidora, por entonces, para el extinto diario Metro. «Me gustaba, le preguntaba cosas. El caso es que era algo mutuo. Fuimos pareja casi a la semana, ¡un flechazo!». Si el enamoramiento fue veloz, tan sólo un mes después decidían compartir la vida. Marta estuvo durante una breve temporada trabajando para 20 minutos, pero más tarde escogió otra vía profesional y sacó oposiciones. El pasado mes de octubre (2009), como la mejor parte de este proyecto, nació su primer hijo (de quien muestran orgullosos la segunda ecografía), a quien bautizaron Unai. El orgulloso padre dice: «No me importa madrugar; prefiero trabajar pronto y acabar pronto, así compartimos las tareas en casa».

Reparte cantando
Ramón Jiménez ‘el piti’. 35 años

<p>El piti</p>Ramón es conductor –entrega periódicos en furgoneta– desde hace siete años en la zona este de Madrid. De siete a once recorre las calles, saluda y conoce a todo el mundo en su trayecto. Va cantando mientras conduce: «Lo que me echen: bulería, soleá, seguiriya...». Porque Ramón es, además de repartidor, cantaor flamenco con una larga trayectoria. Recientemente ha participado en Flamenco Kids, un disco dirigido a público joven producido por José Luis Montón en plena promoción por España; también se le puede ver en el vídeo Killing Me Softly de Pitingo, de quien es amigo hace tiempo. Dice que el flamenco «no es de payos ni de gitanos, es del que quiere expresar algo con ello». Y que requiere disciplina, como madrugar para llevar 20 minutos (confiesa haberse quedado dormido alguna vez, pero muy pocas en siete años de tarea). «Levantarse a las cinco de la mañana y cantar por la noche a veces es complicado: me obligo a dejar la juerga antes de tiempo y me marcho; hay que estar descansado para conducir». Con su carácter extrovertido y cálido es normal que le salgan bolos haciendo la ruta: «Me piden que cante y voy donde me llaman».

La inspectora campeona
Sabina López. 24 años

<p>Sabina López</p>Su trabajo en 20 minutos consiste en controlar el servicio de reparto: «Los inspectores no podemos tener contacto con los repartidores», nos dice. Vigilar que no haya irregularidades no es, opina, un trabajo muy bonito, «te tienes que chivar y eres la mala. Al jefe le llega lo que tú le dices». Pero esta inquieta mujer acaba sus funciones por la mañana temprano, estudia Psicología, da clases y milita en el Club Pozuelo de Gimnasia Estética: «He sido gimnasta rítmica desde los seis años, pero es algo duro; empecé el año pasado con una nueva modalidad aún poco conocida, para gente más mayor. Es más bonita y menos problemática con el cuerpo». La gimnasia estética nació hace más de un siglo –se practica sólo en grupo y sin aparatos–, pero en España existen sólo docena y media de clubes. «En el Campeonato de España en abril pasado quedamos séptimas». Sabina ya ostenta un importante palmarés en la gimnasia rítmica (dos veces campeona de España). Cuenta que en el equipo «no hay una capitana propiamente; como soy la mayor y he sido entrenadora, me dicen que sé gritar y mandar, y de algún modo soy la jefa».