Ruzafa: cómo hacer barrio

Ahora Ruzafa mola, pero hace apenas siete u ocho años era una zona casi marginal en un vértice del centro urbano de Valencia. Por entonces, el perfil nocturno del barrio lo marcaban los neones de los prostíbulos de las calles Denia y Gibraltar y el Ayuntamiento de la ciudad intentaba implementar planes antidelincuencia en la zona, por lo que eran habituales en sus calles las incursiones de motos, coches y hasta furgonetas de la Policía. ¿Qué ha ocurrido para que hoy sea el barrio de moda donde todo el mundo quiere vivir?
Cafetería-librería Slaughterhouse
Cafetería-librería Slaughterhouse
Biel Aliño

Para Carles Albert Casanova, pintor y galerista que viajó por todo el mundo antes de volver a instalarse en Ruzafa, su barrio de toda la vida, «hace años, era una zona lumpen, muy cutre. Era un barrio que se caracterizaba por su cercanía con la Estación del Norte, donde se instalaba la gente que venía de los pueblos. Había burdeles y vecinos sin inquietudes culturales». Hoy, las calles de Ruzafa bullen de actividad. Por las mañanas, bajo un sol habitualmente radiante, se mezclan las madres de familia valencianohablantes, los fashionistas con chupa de cuero, las erasmus rubias y las mujeres árabes con pañuelos en la cabeza en ese peculiar punto de encuentro que es el mercado municipal de la plaza Barón de Cortes.

Conciencia de barrio

«Algo que me gusta de Ruzafa es su condición de barrio popular», reflexiona Ramón Cabrera, vecino y socio de la librería-cafetería Slaughterhouse. «Saludas al del garaje, a la dependienta de la tienda, al panadero. Me mola ese aspecto de pequeño pueblo en el centro de Valencia». Por su parte, el periodista y también vecino Toni Martínez considera que la nueva Ruzafa «tiene tantos aspectos positivos como negativos. En otros barrios de Valencia, por la mañana sólo hay abuelas que van a comprar, y aquí tenemos gente joven, universitarios, bicicletas. La parte negativa es que hay gente que confunde modernidad con prepotencia, que no tiene conciencia de barrio».

Situado muy cerca del centro de la ciudad, en pleno Ensanche, Ruzafa (o Russafa, en valenciano) es una zona de edificios de principios de siglo, de pisos de gran calidad constructiva, amplios y luminosos, con techos altos; y quizá su eclosión como zona molona se deba en parte a que las condiciones de las viviendas del tradicional núcleo duro de la bohemia en la ciudad, el barrio del Carmen, son mucho menos satisfactorias. «Antes el barrio de moda era el Carmen, pero los pisos son muy viejos, oscuros y deficientes», reflexiona Toni Martínez. «En cambio, aquí puedes conseguir casa en mejores condiciones». «Hace diez años, cuando buscaba vivienda para comprar, visité varios pisos en el barrio del Carmen», cuenta Ramón Cabrera. «Enseguida descarté vivir allí y decidí centrarme en Ruzafa».

Un poco a la manera del Raval en Barcelona o Lavapiés en Madrid, Ruzafa se está convirtiendo en Valencia en un territorio urbano de fusión social. Desde hace unos años, en sus calles confluyen el magma global e interracial de la inmigración con el moderneo artístico/creativo y el buenrollismo bicicletero. En sus pisos compartidos y en sus locales cool se percibe un método renovador de hacer barrio y hacer ciudad. Quizá su inesperado cosmopolitismo pueda definir un apasionado modelo de comunidad para los nuevos tiempos.

«Creo que Ruzafa podría llegar a ser un sitio interesante para vivir». Mireia Pérez tiene 25 años y ha sido residente de Ruzafa desde que era niña. Diseñadora gráfica, artista y cineasta, completa sus estudios de Bellas Artes en Madrid y reflexiona en la distancia: «De momento ahora se pueden encontrar más teterías, restaurantes chinos muy buenos y baratos o panaderías árabes, pero esto no supone que haya una integración verdadera entre diferentes culturas. Quizá podamos hablar más de una convivencia en compartimentos estancos, típica en las áreas cercanas a las grandes estaciones, que de un barrio amalgamado». El modelo de integración que propone Mireia no es nuevo y en cierta forma está en la identidad del barrio desde hace tiempo. Estuvo ejemplarizado en el Ateneu de Russafa, un espacio autogestionado que promovía el encuentro entre culturas y acciones sociales para inmigrantes sin techo, pero cerró por tecnicismos legales hace ya unos cinco años. «Cuando exista un colegio donde todos los niños de esas culturas se mezclen, o una buena sala de conciertos común, entonces quizá podremos hablar de un lugar potencialmente interesante», opina Mireia.

Un café en la librería

«Que haya libros en los bares no es mala señal», nos dice Mauricio, un periodista de mediana edad que también decidió mudarse a Ruzafa ante la metamorfosis saludable que estaban experimentando sus calles. Es una tendencia en el barrio: los nuevos espacios para la tertulia donde se puede consumir café o un libro. Las renovadoras librerías-cafeterías Slaughterhouse, Cosecha Roja o Ubik le otorgan a Ruzafa un marchamo inequívocamente cultural. En una ciudad donde ya han llegado todas las franquicias, Starbucks incluida, ofrecen al ciudadano interesado en la cultura una autenticidad identitaria que es también resistencia bohemia.

Del mismo modo, Ruzafa se ha convertido en zona de interés para artistas y espíritus creativos. Ser bohemio en Valencia es una posibilidad avalada por un dato contra el que no pueden competir Madrid o Barcelona: el precio de los alquileres. Músicos, fotógrafos, diseñadores, pintores o arquitectos, tanto españoles como extranjeros, residen ahora en los luminosos pisos del barrio, mientras espacios como Sporting Club Russafa o Color Elefante actúan como escenarios para el encuentro y el intercambio de experiencias creativas.

«No tengo reparos en decir que Color Elefante fue un espacio pionero, que ayudó a que otros artistas de renombre adquirieran naves por la zona». Carles Albert Casanova es pintor y escultor, pero se siente, con razón, gestor cultural, ya que ha creado en Color Elefante, además de una sala de exposiciones, un local multidisciplinar que es también sala de conciertos, club gastronómico y residencia temporal para jóvenes artistas extranjeros. «Ahora hay muchos artistas por la zona, de todas las edades, que han montado sus estudios tanto en pisos como en plantas bajas. El boca-oído ha sido muy efectivo. A la llegada de artistas ha seguido la apertura de otros locales como estudios de diseño y arquitectura o restaurantes y locales de ocio».

Es un domingo de principios de enero y en Sporting Club Russafa hay montado un mercadillo espontáneo, donde se venden objetos de segunda mano y piezas de artesanía. El amplio taller artístico se convierte, de forma natural, en escenario para el comercio alternativo. Varios cruces más allá, en la calle Cádiz, una pequeña fila de personas espera para entrar al minúsculo Café Teatro Tocado.

Cae la noche

De noche no abandonamos Ruzafa. La sensación furtiva que transmitían sus calles hace años se ha difuminado a favor de una saludable vida nocturna. Bocaterías como El Rús, La Flor o La Tabernaire, y restaurantes como el Gondwana, El Rojo, Lamaldo, La Lluerna o Basilisco se llenan de marchosos que luego continuarán la fiesta en el club de jazz Café Mercedes, el café Dublín, el Sinpijous, el Gato Negro o, casi en la avenida del Reino de Valencia, el Cyrano. Algunos disfrutarán del floreciente ambiente gay, ejemplarizado por el Sandanski, el Sex Romeo o el innovador Heaven to Hell. Y más tarde, hasta el amanecer, las nuevas generaciones buscarán la sofisticación electrónica de LeClub o Excuse Me. Como clásico insustituible, el Horno de los Borrachos, una panadería que abre 24 horas los fines de semana y proporciona carburante a los resistentes que llegan de todos los puntos de la ciudad.

«Ojalá Ruzafa no se convierta en una zona de botellón», nos dice Mauricio.Y es verdad que, a pesar de su activa escena noctámbula, todavía no lo es. Ojalá.

> Guía para un día completo en Ruzafa

De buena mañana, el lugar ideal para quitarse las legañas mientras se consulta el correo electrónico y se toma el primer café es el Amadeus (Padre Perera, 5 / 963 364 883). Si hay tiempo y disposición para ponerse guapos, podemos dirigirnos después a la peluquería de Joan Santamaría (Literato Azorín, 17 / 963 801 443 / joansantamariaperruquer.com) y terminar hojeando lo último en cómics de importación en la librería especializada Gotham (Ruzafa, 56 / 963 959 716 / webs.ono.com/gothamcomics).

Un día corriente en Ruzafa podemos comer en plan sofisticado en Lamaldo (Literato Azorín, 17 / 963 417 915 / lamaldo.com) o en el Sorsi e Morsi (Doctor Serrano, 11 / 963 225 543 / sorsiemorsi.com) para, después, pasarnos la tarde en la tienda de regalos y complementos cool Caroline Curiosity Shop (Cádiz, 25 / 667 665 122 / caroline.com.es) o de tertulia bohemia en la furtiva y diminuta cafetería El Desván del Café (Puerto Rico, 1).

Más tarde, cenaremos de tapeo en la taberna El Camerino (Cura Femenía, 16 / 963 810 727 / elcamerinoruzafa.com) o de bocata en La Virada (Cádiz, 41 / 963 737 395 / facebook.com/lavirada), antes de entrar al Café Mercedes (Sueca, 27 / 963 418 378 / cafemercedes.es) para disfrutar de sus habituales jam-sessions de jazz.

La noche en Ruzafa se prolonga en el Café Pessoa (Literato Azorín, 2 / 963 417 514), y se alarga hasta el amanecer en el Excuse Me (Sala Sider. Tomassos, 12 / facebook.com/excuseme), templo de ese moderneo gambitero que no quiere irse a dormir.

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