Alemayehu Bezabeh
Alemayehu Bezabeh durmió alguna noche en un parque de Madrid, fue acogido y se convirtió en un deportista de élite. Archivo

Eugenio G. DelgadoLejos de los focos de atención o, simplemente, protagonistas de ellos en breves y puntuales ocasiones, España también puede presumir de tener grandes deportistas anónimos. Historias en las que el factor humano es más relevante que el deportivo. La más reciente, la del atleta de origen etíope Alemayehu Bezabeh, campeón de Europa de cross ya como español el año pasado.

Llegó a España en 2004, en avión y sin papeles, porque quería ganarse la vida corriendo. Durmió alguna noche en un parque de Madrid, fue acogido y se convirtió en un deportista de élite. «Doy las gracias a España. Como atleta me he hecho aquí. Ahora vivo en la Residencia Blume del CAR de Madrid, rodeado de otros deportistas españoles. Es perfecto».

Llegó a España en 2004, en avión y sin papeles, porque quería ganarse la vida corriendo También son dignas de elogiar Natalia Romero y Vicky Piñeiro. La primera, Premio Deporte y Mujer 2009, ha acabado Fisioterapia, empieza un máster y es campeona española de los 400 metros en pista cubierta. «Cuando llevo estudiando mucho rato, me bajo a entrenar y me despejo. También estoy la Escuela Oficial de Idiomas de Jaén».

La pontevedresa Vicky Piñeiro emigró en 2005 al pueblo santanderino de Astillero por amor: «Me vine porque mi novio fichó por el equipo de remo». Ella consiguió convertirse en el patrón del ocho con timonel masculino, pero no la dejarán competir en el Campeonato de España hasta este año. «No creo que me lo hayan impedido por machismo. La gente no entiende que yo no remo. Mi puesto es de habilidad. Yo voy sentada, dando gritos. Y si mi novio no rema, no cena», dice con humor.

Otra chica que ha abierto camino es la madrileña Cristina Campos. Tiene 31 años, ha terminado Humanidades y juega con hombres en el Fundosa ONCE, campeón de Liga y Copa de Baloncesto en Silla de Ruedas. «Llevo 16 años jugando con chicos porque no hay suficientes chicas para crear una Liga competitiva. Me dan los mismos carrazos que a todos. El deporte me ha servido para integrarme. Cuando me levanto por la mañana no me veo como una discapacitada».

La otra selección española

Si algún rival va a meternos gol, le hago falta. Pecado sería ir a hacerle daño a un contrario queriendo Integración y una segunda oportunidad es lo que también ofrece la Fundación Rais, con proyectos como la selección española de fútbol calle, que en 2006 dio la posibilidad de ir a jugar el IV Mundial en Sudáfrica a ocho personas sin hogar que duermen en el Centro de Acogida San Isidro (Madrid). «El fútbol me ha motivado para hacer otras cosas», decía Lolo, de 31 años, que sigue tratamiento con metadona. «Al campo saltaré con castañuelas y un toro», reconocía Paco, de 56 años, en la calle «por la bebida y porque mi familia me abandonó». El capitán, José Ignacio, de 41 años y que llevaba uno fuera de las drogas, tenía claro lo que haría cuando volviera del Mundial: «Trabajaré. He terminado un cursillo de carpintería».

También especial es un club ourensano de curas, Os Chispas, que ha participado en varias ediciones de la Champions Clerum. «La gente cree que somos bichos raros y que no podemos hacer deporte. Si algún rival va a meternos gol, le hago falta. Pecado sería ir a hacerle daño a un contrario queriendo», afirmaba el padre Tomás, delantero con sotana.

Los méritos paralímpicos

Mención especial para los paralímpicos, con deportistas tan destacados, entre otros muchos, como Enhamed Enhamed, ciego de origen saharaui y al que se considera el Michael Phelps de su disciplina, después de colgarse cuatro oros en Pekín’08. «Es una motivación que me comparen con él», reconoce. La vallisoletana Marta Arce, plata en Judo y con ceguera parcial, afirma que «la culpa de las barreras físicas en España la tienen las barreras mentales». La deportista paralímpica más laureada, con 16 medallas olímpicas, la nadadora parapléjica Teresa Perales, concluye: «Dentro del agua me siento sirena».