María Luisa Gabriela de Saboya
María Luisa Gabriela de Saboya Archivo

María Luisa Gabriela de Saboya tenía sólo trece añoscuando abandona su Turín natal para desposarse con Felipe V y cumplir así los deseos de Luis XIV, quien pretende acabar con la dinastía de los Austrias en España.

Debido a su corta edad, a su terror ante la idea de compartir el lecho por primera vez con un desconocido y porque el banquete de boda no transcurre todo lo bien que espera, una vez llegado el momento de retirarse a la alcoba nupcial rompe a llorar, lanza juramentos contra los "salvajes españoles", grita que quiere volver a casa y se refugia en su cuarto, cuyas puertas no vuelve a abrir hasta pasados tres días.

El flechazo
Sorprendentemente, el primer encuentro entre los dos jóvenes, días después, resulta un éxito ya que según relata Beatriz Cortázar en el libro Un año de amor, el rey disfruta retozando y jugando “al cucú y al escondite con su amada”, una clase de juego erótico que se convertiría en el cotilleo de toda Europa y que constituye una señal inequívoca de “la buena salud de la pareja”.

Incluso la de los Ursinos, que haría las veces de su dama de compañía, escribe a París informando de que “no hay manera alguna de que el Rey abandone la alcoba y por su gusto estaría todo el día en la cama con la Reina”.

A partir de ese momento, la joven soberana impondrá su voluntad en palacio y fuera de éste.

Madre de dos herederos fugaces

Apenas comienzan a saborear su luna de miel, Felipe debe viajar a Nápoles, que se había sublevado. La vida de María Luisa se desarrolla entonces entre la soledad, la añoranza a su amado, la guerra y su papel de reina regente, el cual desempeña con sorprendente eficacia y una gran intuición.

A los seis años de matrimonio, y con sólo 19, la precoz reina tiene a su primer hijo, Luis Fernando, que reina bajo el nombre de Luis I durante siete meses,  hasta su fallecimiento.

El monarca es conocido por los madrileños como el "Bien Amado", debido a su carácter afable y a las muestras de cariño que su madre le profesa en público, una mujer firme pero, a la vez, tierna y amorosa con los suyos.

María Luisa tendrá todavía tres varones más, de los cuales sólo llega a la edad adulta uno, Fernando, más tarde Fernando VI, quien tuvo que criarse sin el amor de su madre, puesto que la soberana moriría de tuberculosis cinco meses después de traerle al mundo, cuando contaba 25 años de edad.

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