Gonzalo de Castro
Gonzalo de Castro seduce a la cámara. Jorge París

Gonzalo de Castro es un actor atípico, de una sensatez e inteligencia abrumadoras. Su solidez interpretativa la muestra ahora en Glengarry Glen Ross, una obra de David Mamet. A las órdenes de Daniel Veronese, interpreta a un vendedor inmobiliario falto de escrúpulos. Charlamos con él en el Teatro Español de Madrid.

¿Todavía se pone nervioso el día del estreno?
Si a un actor que sale al escenario no se le hace una bola en el estómago, está mintiendo o no le importa lo que hace. Hoy, dentro de un rato, estaremos ahí mirando desde las bambalinas cuánta gente hay.

¿Aún se asoman para mirar cuánta gente hay actores consagrados como ustedes?
Eso no tiene nada que ver. Tienes un pequeñito ataque de pánico todos los días. Te dura nada, lo suficiente para saber que estás trabajando. Si no, estaríamos engañando a la platea.

¿Cómo se embarcó en 'Glengarry Glen Ross'?
Tenía pocas esperanzas de estar en este reparto, dado que tenía mucho trabajo. Pero la vida me ha hecho un regalo maravilloso. El de Roma es un papel comprometidísimo. Y por Veronese tengo enorme respeto profesional.

Oyó "Veronese" y dio el sí.
Es un tipo con una sabiduría… En otros montajes echo de menos tener una persona que sabe dónde está el norte.

<p>Gonzalo de Castro</p>¿Me equivoco si pienso que hacer teatro le sale menos rentable que hacer cine o televisión?
¿Pero de verdad te lo preguntas? (ríe). ¡Por supuesto!

Y aun así le compensa.
Claro. En una entidad pública, los actores no ganamos dinero con el teatro. Pero defender un texto; hacer un autor determinado; trabajar con unos compañeros como Hipólito, como Ginés, a los que admiras y quieres; en este teatro que, por fin, es el mascarón de proa del teatro español; y con un director brillante… es la forma de pagarte. Estoy aquí por auténtico placer. Para lo otro hago televisión, afortunadamente.

¿Ha vivido usted alguna situación de tanta competitividad como la que plantea Mamet en la obra?
Quiero pensar que en nuestro gremio esas cosas no ocurren (risas), pero sé que sí. Yo, afortunadamente, nunca he tenido enfrente a nadie como los que se dibujan aquí. Pero como ciudadano, hijo, hermano, amigo… sé como se trata a la gente, y es un horror.

El texto está de plena actualidad.
Tiene una vigencia total. Cuando a la gente se nos acorrala, nos convertimos en auténticos animales. El señor que interpreto yo, Roma, no tiene piedad. Viste muy bien y come pan con mocos. Eso ocurre aquí todos los días. No hace falta irse a Manhattan.

¿Usted podría trabajar como comercial?
Si la vida me pone en una tesitura tal, vendería hielo a los esquimales. Pero creo que no. Me parece un trabajo muy ingrato, sobre todo cuando uno no gana dinero; es un insulto a tu esfuerzo.

¿Es verdad que en 'Siete vidas' empezó como ayudante de dirección?
Llevaba diez años haciendo teatro, venía de Argentina y no tenía trabajo aquí. En Siete vidas no había un trabajo de actor, y yo tenía que comer y pagar mi casa.

Parece que usted es una de las pocas personas famosas que no asedia la prensa del corazón.
Esa carnaza, que la dé quien quiera; yo no tengo interés ninguno. Soy un tipo muy normal. Tengo la fortuna de trabajar en lo que me gusta y encima me pagan, ése es mi mérito.

¿Se los ha tenido que quitar de encima alguna vez?
Sí. No sé por qué hay que hacer escarnio de esta profesión. A mí, lo que digan me da igual. No tengo ni ordenador.

¿Y en la calle, cómo le trata la gente?
Muy bien, aunque hay días y días. Yo no puedo pretender tener el anonimato que desearía, y no pasa nada, pero hay días que me quiero meter debajo de una piedra. La gente debería entender que si estás tomándote un vino o paseando o comprándote un calzoncillo no tienen que hacerte fotos.

Hace poco le entregaron el Ondas. ¿Le ilusionan los premios?
Que entiendan que tu trabajo es digno de mención está muy bien. Me interesa que la gente de la profesión reconozca mi trabajo. Nada más.

<p>Gonzalo de Castro</p>

Es usted muy modesto.
No es modestia, es una forma de entender quién soy. Yo he empezado en esto muy tarde, cuando acabé la carrera de Derecho, con 23 años. Tengo otra urgencia en la vida. Lo que me importa es trabajar y tener buenos proyectos.

Parece que la interpretación lleva asociado, por algún motivo, el aparentar.
Lo han abaratado tanto… Hay mucha falta de oficio, que significa experiencia y creer en algo a muerte. Por eso la gente no hace teatro, porque se te ven los hilos; la gente quiere hacer tele, a cualquier precio. Es una pena.

¿Por qué aparcó la abogacía, en cualquier caso?
Yo iba a la escuela de teatro como oyente. Allí tenía una especie de novieta. Empecé a engancharme. Y con 23 años, acabada la carrera de Derecho, tuve la fase difícil de decir: “Padre, aquí tengo el título, hasta luego, Lucas, que me voy”. Me dediqué a lo que me gustaba. Y me ha salido bien. Que si no puedes llegar a final de mes, si no te pagas un viaje, si no tienes un amor, una botella en la mesa… es una mierda.

¿Y si tuviera que ganarse la vida con algo distinto?
Habría sido abogado, que para eso estudié y que es una forma de actuar también. Me gustaba mucho la abogacía, sobre todo la rama penal del Derecho, lo que mejor se me daba. Si no, cocinero.

¿Es de los que invita a gente a casa a comer?
Últimamente estoy muy harto de la gente, mi vida es demasiado social. Pero sí. Invito a la gente o a alguna persona en particular. No cocino nada mal, y me gusta mucho.

Puestos a imaginar, igual que soñaba con Mamet…
Sólo espero seguir trabajando. Tengo una película magnífica firmada que voy a hacer con mi amigo Javier Cámara en verano. Y creo que el doctor Mateo todavía va a dar un poquito de cuerda. Así que no quiero nada, ésta es mi carta a los Reyes Magos, que ya me lo han regalado todo. ¿Salud? Sí. De lo demás, no puedo decir nada más que soy un privilegiado. ¿Los sueños? Ya estoy en ellos.

BIO: Nació en Madrid en 1963. Estudió Arte Dramático y se licenció en Derecho, ciencia de la que le atrae la rama penal. Curtido en el teatro, saltó a la fama por su papel de Gonzalo en la serie Siete vidas. Ahora protagoniza Doctor Mateo.