Euskadi da vida a 48 fábricas abandonadas

  • El Gobierno las protege y les da nuevos usos, como centros sociales o sedes de empresa.
  • «Son el legado de tiempos épicos».
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Cargadero de Orconera, en Lutxana. Es un bien protegido.
Cargadero de Orconera, en Lutxana. Es un bien protegido.
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Hay vida después del humo, cuando se disipa, y entonces el edificio de Harino Panadera en Ametzola se convierte en un rutilante centro municipal. O La Alhóndiga, que ya no huele a vino viejo, sino a moqueta, libros y ordenadores. El próximo año abrirá sus puertas este centro social y cultural de Indautxu.

Como estos casos, en Euskadi hay 48 edificios industriales declarados bajo protección. Se trata de conservar el patrimonio industrial vasco, sí, pero no sólo. El objetivo es revivir estos edificios con nuevos usos, como sedes de empresa, centros sociales o monumentos a visitar.

«Nos han criado de espaldas a la fábrica. Nos dijeron que eran sucias, feas. Pero son el legado de tiempos duros y épicos», apunta Javier Puertas, presidente de la Asociación vasca de patrimonio industrial y obra pública. Lo dice él, un joven crecido en la Euskadi postindustrial.

Este lobby formado por 130 arquitectos, historiadores o ingenieros lleva 25 años tocando teclas para que no se derruyan los vestigios del pasado industrial.

Y ahora la coyuntura refuerza sus reivindicaciones, porque empantanados en esta crisis, «queda más evidente la necesidad de aprovechar lo que tenemos, y no sólo construir más edificios nuevos», señala el presidente.

La intervención de la Asociación ha sido providencial en Zorrozaurre. Sus socios han marcado en rojo los edificios con valor histórico en esta península de Bilbao. El Ayuntamiento les ha hecho caso, y ha librado a esta selección de la bola de derribo. Son ya el alma del nuevo barrio.

No vale con la conservación

El problema es que no es lo mismo estar protegido, que estar cuidado. Por ejemplo, la Estación Bombeadora de Elorrieta está bajo protección, pero absolutamente abandonada. Nadie se ha interesado por darle uso social, cultural o empresarial.

La Asociación de patrimonio industrial presiona en esta línea. En un territorio donde falta suelo para construir, «hagamos de nuestro patrimonio un bien potencial», reclama Puertas.

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