El asalto del Ejército en la región tribal de la etnia pastún, sobre la frontera con Afganistán, es visto como una prueba de la determinación del Gobierno por controlar a los rebeldes, responsables de una serie de ataques contra fuerzas de seguridad, autoridades y otros objetivos.

La campaña es seguida de cerca por Estados Unidos y otras potencias involucradas en el violento conflicto en Afganistán y que desean que Pakistán elimine los bastiones extremistas en su caótica zona del norte.

El último bombardeo en la ofensiva de una semana se realizó contra bases de extremistas en las aldeas de Sam, Badr y Ladha, dijeron responsables del Gobierno y de seguridad.

'Fue un intenso bombardeo y más tarde helicópteros armados atacaron', dijo un miembro de la agencia de inteligencia local, que declinó ser identificado.

Varios escondites de rebeldes islámicos fueron destruidos en el bombardeo, dijo un responsable del Gobierno, que agregó que no tenía información sobre muertos o heridos.

El portavoz del Ejército no estuvo disponible de inmediato para hacer comentarios.

Waziristán del Sur, una escarpada región montañosa y con algunos bosques, es uno de los principales bastiones del mundo extremista. Combatientes extranjeros, incluyendo uzbecos y seguidores de Al Qaeda están luchando junto a los talibanes.

Los soldados están avanzando hacia los principales bastiones estos en tres direcciones distintas.

Las fuerzas que avanzan desde el sureste tomaron el control de la localidad de Kotkai, el lugar de nacimiento del líder talibán paquistaní Hakimulah Mehsud y lugar de residencia de Qari Husain Mehsud, un importante jefe insurgente conocido como 'el mentor de los atacantes suicidas'.

La pequeña localidad es la puerta de ingreso a importantes bastiones de extremistas y funcionarios de inteligencia en la región dicen que las fuerzas de Gobierno dieron muerte a 15 insurgentes en intensos enfrentamientos el sábado por la noche, mientras intentaban avanzar más allá de Kotkai.

Alrededor de 150.000 personas han huido de sus hogares en Waziristán del Sur, pero las agencias de ayuda no esperan que el éxodo se convierta en una crisis humanitaria, como ocurrió tras la ofensiva militar en el valle de Swat a principios de año.