josé guirao
. E.G.
Además del arte, sus pasiones son la literatura y la naturaleza. Le gusta saber lo que pasa y, sobre todo, participar de lo que pasa. Dice que viviría feliz alejado del mundanal ruido y dedicado a cultivar un jardín. Inmerso en el trepidante mundo de la gestión cultural (antes de estar al frente de La Casa Encendida fue director del Reina Sofía), Guirao contagia sosiego.

Dicen de usted que es un hombre misterioso.

Es complicado parecerse misterioso a uno mismo, pero sí es verdad que hablo poco y el silencio puede resultar enigmático.

Tiene cara de no haber roto un plato en su vida.

Supongo que alguno habré roto, pero fui un niño buenísimo, no di nada de guerra.

¿En qué tipo de colegio estudió?

Siempre en la enseñanza pública.

¡No me diga, con esa pinta de niño bien...!

Soy de pueblo y orgulloso hijo de la escuela rural.

¿Cómo recuerda su colegio?

Como un lugar de descubrimiento. Los maestros de antes eran verdaderos artistas en despertar la imaginación.

Y del mundo rural pasó usted a dirigir los lugares que mueven culturalmente a la ciudad.

Lo cierto es que siempre he llegado a los sitios de manera azarosa, es una constante en mi vida.

Pues no se le nota nada, parece haber nacido para esto.

He hecho lo posible para que no se me notara demasiado.

Convénzame para que visite La Casa Encendida.

Va a encontrar usted cosas que le van a gustar. Es un sitio muy normal, lo raro está ahí fuera.

Habitando usted La Casa Encendida, ¿qué le apaga?

No soporto que la gente malgaste el agua o maltrate su entorno. Así que, a riesgo de parecer antiguo, contestaré que la falta de urbanidad.

¿Es cierto que en España le tenemos cierto miedo a la vanguardia?

Más que miedo, yo diría que hay falta de normalidad en la relación con ella. La modernidad no debe de ser sólo cultural, sino social y medioambiental también.

¿Qué es lo que más le gusta de Madrid?

Me encanta salir sin rumbo y que sea la propia ciudad la que me marque la ruta, pero sobre todo amo apasionadamente su luz.