El impuesto, establecido inicialmente en 17 euros por tonelada de emisiones de dióxido de carbono, supondrá un aumento en el precio del combustible para automóviles, calefacción y fábricas.

'El reto más grave que afrontamos es el cambio climático (...) Cada uno de nuestros compatriotas debe sentirse concernido', manifestó en un discurso televisado con el objetivo de ganarse a sus escépticos compatriotas.

El plan, que lleva preparándose meses, ha desatado el revuelo político en Francia, con desacuerdos en el partido en el poder y objeciones de tanto los socialistas como los ecologistas en la oposición.

Los Verdes están de acuerdo con el principio general, pero piden que el impuesto sea más elevado para que tenga consecuencias significativas, mientras que los socialistas argumentan que perjudicará a las familias, que ya están afrontando la peor recesión de los últimos 15 años.

Según un sondeo de Ifop para la revista Paris Match de esta semana, el 65 por ciento de los encuestados estaba en contra.

Los críticos acusan al Gobierno de buscar modos de aumentar sus ingresos en un año en el que los ingresos fiscales se han hundido por la recesión, provocando un rápido aumento del déficit presupuestario.

Sarkozy ha rechazado las críticas, y sostiene que el impuesto no será un peso añadido para los hogares porque el aumento en la factura del combustible se compensará con reducciones en el impuesto de la renta.

Los hogares demasiado pobres como para pagar impuesto de la renta recibirán 'cheques ecológicos' del Estado para compensarles por la subida de la factura energética, afirmó. Los recortes fiscales y los cheques tendrán en cuenta el número de personas en cada hogar.

LA ENERGÍA NUCLEAR QUEDA FUERA

'El objetivo de la política ecológica fiscal no es rellenar las arcas del Estado, sino incitar al pueblo y a las empresas francesas a cambiar su comportamiento', declaró el presidente francés, y añadió que los hogares que mantengan el consumo en niveles bajos acabarán mejor financieramente.

El sistema distinguirá entre los que viven en zonas urbanas con buen transporte público y los que viven en zonas rurales y dependen más del coche. Los hogares rurales recuperarán más dinero del Estado.

Para los sindicatos es un esquema muy complicado y han puesto en duda que los hogares vayan a ser verdaderamente compensados.

El impuesto, calculado según el volumen de CO2 producido por tipos particulares de combustible, se aplicará al petróleo, el gas y el carbón.

Una excepción notable será la electricidad. Francia produce el 80 por ciento de su electricidad de centrales nucleares, que tienen bajas emisiones, y Sarkozy ha dicho que sería contraproducente gravar la energía o castigar a los conductores que cambien a coches eléctricos.

La tasa, que se introducirá en 2010, subirá con el tiempo, aunque Sarkozy no explicó cuánto o cuándo.

Algunos países nórdicos aprobaron ecotasas similares en la década de los 90 y dicen que estas medidas han ayudado a reducir las emisiones sin frenar el crecimiento. Francia se convierte en la mayor economía europea que decide adoptar un sistema similar.

Sarkozy dijo que aunque es una decisión dura, permitirá a Francia negociar desde una posición de fuerza en la conferencia de Copenhague sobre el cambio climático que tendrá lugar en diciembre, al animar a otros países a imitarles.