José-Carlos Mainer se cita con la próxima generación para compartir su legado literario

El legado de José-Carlos Mainer en el Instituto Cervantes.
El legado de José-Carlos Mainer en el Instituto Cervantes.
Enrique Cidoncha

Sus primeros libros, cartas con amigos, notas personales y hasta un cuchillo que hurtó hace seis décadas. Son solo algunos de los objetos que el historiador literario y ensayista zaragozano José-Carlos Mainer depositó este lunes en una de las famosas Cajas de las Letras con las que el Instituto Cervantes, en Madrid, no solo homenajea a creadores ilustres, sino que también crea una curiosa 'cápsula del tiempo' con fecha de caducidad. En el caso de Mainer, que estuvo arropado por amigos y colegas de profesión, cerró con llave una consigna que no se abrirá hasta 2045, fecha elegida por el centenario del fin de la Segunda Guerra Mundial, y que apela a la próxima generación.

"Yo no creo que venga (para entonces sumará un siglo de vida), pero mis hijos han echado cuentas y dicen que les da tiempo", bromeaba el catedrático de Literatura Española en la Universidad de Zaragoza hasta su jubilación en 2011. Junto a él, el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, rubricó el diploma acreditativo del legado, le entregó la llave de la caja (la número 1.418) y se deshizo en elogios hacia el protagonista. "Es una referencia para quienes nos dedicamos a la enseñanza, hay un altísimo número de discípulos que hoy pueblan las universidades españolas siguiendo su magisterio", destacó.

La Caja de las Letras que custodia el legado de Mainer conserva desde este lunes sus primeros libros publicados, en sus ediciones originales. Se trata de Atlas de literatura latinoamericana (1972); Regionalismo, burguesía y cultura (1974) y La Edad de Plata (1975). También depositó ejemplos de la correspondencia que ha intercambiado con amigos escritores, de los que fue su "crítico vigilante", como Andrés Trapiello, Javier Marías, Eduardo Mendoza o José María Merino.

De igual modo, el crítico y ensayista introdujo fotocopias de relatos de ficción que publicó tanto en la revista Pregón (Pamplona), entre 1960 y 1963, como para la Diputación Provincial de Zaragoza en 1962. También notas manuscritas sobre sus lecturas mientras preparaba las oposiciones a profesor titular de literatura; y mecanoscritos del manual de Literatura Española para alumnos de COU editado por Santillana en 1992.

"Son una parte de mi vida, de lo que he querido decir y hacer a través de algo muy mío: leer libros y trasladarlos para que otros pudieran discernir", resumió Mainer poco antes de desvelar una de las sorpresas de la caja. El historiador literario introdujo un viejo cuchillo de mesa, un "hurto que ya prescribió", puesto que se hizo con él hace sesenta años en el comedor de El Escorial, donde realizaba un "aburrido" curso.

"Son una parte de mi vida, de lo que he querido decir y hacer a través de algo muy mío: leer libros y trasladarlos para que otros pudieran discernir"

Tras el giro de llave, los asistentes se trasladaron al salón de actos de la institución, donde el homenajeado participó en una mesa redonda con compañeros como la escritora Araceli Iravedra, que le definió como "referente de la nueva historia literaria" y responsable de la "revitalización de la disciplina". Por su parte, el ensayista Jordi Gracia destacó su "manera de comprender la profesión, con una dimensión civil y moral" trasladada en los textos. Pero fue quien mejor le conoce, su mujer, la profesora María-Dolores Albiac, la que desnudó al personaje con delicado relato que dibujó una sonrisa en los asistentes. 

"Cuando nacieron Gabriel e Irene -sus hijos-, leía y tecleaba con un bebé en brazos, y aún así no renunciaba a escuchar Carrusel Deportivo", relató de un autor perfeccionista cuyo mayor "dolor", dijo, sigue siendo el de "escribir la primera frase en folio en blanco".

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