Los Secretos: "Tenemos nuestros conciertos como nuestra fuente de vida, emocional, espiritual y económicamente hablando"

Álvaro Urquijo (dcha) y Ramón Arroyo, de Los Secretos.
Álvaro Urquijo (dcha) y Ramón Arroyo, de Los Secretos.
JORGE PARÍS
Álvaro Urquijo (dcha) y Ramón Arroyo, de Los Secretos.

Llevan más de 40 años sobre los escenarios. Sólo en la última gira, Recuperando las Emociones, Los Secretos han dado más de 100 conciertos en los principales teatros y escenarios de España y Latinoamérica. Este viernes 23 acaban su gira en el Wizink Center de Madrid. Hablamos con Álvaro Urquijo y Ramón Arroyo sobre la gira, su carrera y la música. 

¿Qué hace un músico el día después de acabar una gira?Álvaro Urquijo: En mi caso, descansar, porque este año ha sido especialmente fuerte y bueno de trabajo. Tal vez porque había una herencia de los años 2020 y 2021 de algunos bolos que habíamos comprometido y que por no anularlos y por no fastidiar al empresario o Ayuntamiento de turno decidimos aplazarlos, así que en el 2022 se juntaron un montón de conciertos. Así que estamos bastante cansados. La voz tengo que cuidármela mucho y si no, me pasa factura. La idea es componer un nuevo disco, seguir haciendo canciones, porque haciendo 100 conciertos al año es muy difícil tener tiempo para componer.
Ramón Arroyo: Te voy a decir lo que voy a hacer yo al día siguiente: celebrar la Nochebuena porque es el 24, el día después del último concierto y mi cumpleaños, porque también es el 24, lo tengo clarísimo. La noche del 23 a las 12 ya será, les he dicho a todos que me traigan regalos opulentos. Así que ya sabéis… (risas).

¿Es físicamente exigente una gira como esta? ¿Qué hacen para mantenerse en forma?Álvaro: Es muy exigente. el trabajo de músico cuando estás en carretera, pregúntale a cualquiera. Yo tuve que operarme de la garganta en el año 2002 porque tenía un pólipo y todos los guitarristas tenemos la mano con artrosis y los dedos torcidos por la púa... Sí tiene desgaste, sobre todo cuando llevas 42 años. El típico desgaste puede tener cualquiera pero localizado en las partes que utilizas.
Lo que más cuido es la voz. Si después de un concierto me voy a un garito a tomar copas, aunque no sea más que tomar una copita y solamente por hablar con volumen alto después de un concierto se me irrita más la voz al día siguiente y al cuarto día ya no podía salir al escenario y sin embargo hemos llegado a hacer hasta siete conciertos seguidos. Eso solo se puede hacer con hábitos saludables.
Ramón: Hábitos saludables que en nuestra juventud no practicábamos tanto, nos íbamos después a tomar algo, pero los años también se notan. Una cosa a tener en cuenta es la cantidad de horas de furgoneta que se llegan a hacer. Acabas como la gente que tiene trabajos sedentarios delante de un ordenador, la espalda es una cosa que se nos resiente a todos.

Su idea era que esta gira fuera «emocionante y optimista» ¿por qué la intención de hacerla así?Álvaro: Tenemos una relación con el público que es de agradecimiento sobre todo y de dependencia. Habrá gente que le dé igual porque tiene multitarea, es decir, habrá algún artista que es muy famoso en redes, que puede ganar dinero o ganarse la vida porque es un influencer y tiene muchos followers y a la vez hacer conciertos y a la vez hacer discos… pero nosotros tenemos nuestros conciertos como nuestra fuente de vida, emocional, espiritual y económicamente hablando. Así que la relación que tenemos con el público es de empatía, de verles la cara y ver cómo disfrutan y hacerles emocionar con algunas canciones, que puede incluso hasta ponerse un poquito compungidos y luego divertirse. Recuperar las emociones, porque ese es el hilo conductor que nos ha traído desde hace 42 años hasta ahora. Las canciones significan algo para la gente quiere escucharlas y al interpretarlas reviven lo que significa para ellos y ahí esa dualidad entre emoción y alegría y tristeza en algunos casos. El público tomó nuestra música como parte de su vida y nosotros estamos tan agradecidos que lo hacemos lo mejor que podemos para que esa emotividad, esa alegría y ese disfrute se lleve a cabo en cada concierto. Aunque estemos viejos, creo que estamos en nuestro mejor momento.

¿Y cómo ven a Los Secretos en una década, por ejemplo?Álvaro: No sé dentro de 10 años qué pasará. Ojalá poder hacer lo mismo. Lo que es cierto es que no hemos bajado el tono a ninguna canción, que no hemos tenido que que cambiar arreglos ni desestimar canciones porque no se puedan tocar y eso siempre es un aliciente más: que el público vea al cien por cien a un grupo que todavía está al cien por cien de sus capacidades.
Ramón: La pandemia ha sido un un parón muy grande y ahí todos hemos comprobado que la gente cantaba canciones, que la música ha sido una especie de alimento para sobrellevar el tema y queríamos recuperar y no perder eso. Si estamos aquí, aparte de, por supuesto, por tener un público que viene, porque sino la gente no va a un concierto, pues tienes que ir a casa, es porque tampoco nosotros hemos perdido la emoción de tocar.

¿Son buenos tiempos para el optimismo?Ramón: Alguien decía que hay que ser pesimista en el pensamiento, porque ves el mundo y lo que pasa, y optimista en la acción. Así que hay que tratar de ser optimista pero viendo el panorama en general está un poco revuelto, con guerras y cambio climático… realmente siempre ha estado revuelto, ¿no? Después de la Segunda Guerra Mundial pensábamos que no iba a volver a haber una guerra en Europa y hubo la de Yugoslavia y ahora tenemos esta… Así que para vivir hay que intentar sacar optimismo de donde se pueda.
Álvaro: Tal vez no estamos ni mejor ni peor que otras que otras épocas. Cuando empecé, en el año 80, España estaba fatal. El cambio al dólar era como si fuéramos un país del tercer mundo… pero no teníamos ni idea de eso y vivíamos felices y contentos con nuestra ignorancia. Cierto es que ahora, con las redes sociales y con la inmediatez de la comunicación y con la credulidad que puedas tener en algunos mensajes que son falsos y las noticias que distraen a veces se quita importancia a cosas que son aberrantemente feas. Sin embargo, la gente está muy informada de lo que le interesa, y solo leen lo que dice lo que ellos piensan. Eso crea crispación, crea confrontamiento. En los años 80 el concepto de haters no es que no existiera, si no que no era concebible, pues todos estábamos como en una misma corriente hacia adelante, ayudándonos para dejar atrás algo que no nos interesaba nada. Ahora parece que es algo que nos han regalado y que es que estaba ahí siempre y que incluso critican. Ahora no se valora más que el ego, lo mío y el ‘de lo mío ¿qué?’. Y solo se oye el “pues anda que tú” y la ofensa y la descalificación. En ese sentido creo que hemos sido un poco a peor, pero por culpa de la hipercomunicación que tenemos. Por contra, estamos en una época en la que hay menos muertes, más avances científicos para la salud y la tecnología nos facilita a todos la vida. Yo creo que es un momento bueno para la sociedad.

Ramón Arroyo y Álvaro Urquijo, de Los Secretos.
Ramón Arroyo y Álvaro Urquijo, de Los Secretos.
Jorge París 

Hablaban de esos 40 años en los escenarios. ¿Cómo llevan estar cuatro décadas en la cresta de la ola? ¿Cómo se llevan las épocas de menos fama?Ramón: Fíjate, yo te diría que precisamente en la cresta de la ola no hemos estado nunca. Cuando Déjame y La movida y tal no se vendían muchos discos. Fue el boom o el auge de un rollo musical, pero no un auge de discos. Las grandes ventas llegaron ya con Mecano o Alejandro Sanz.

¿Y cómo fueron sus inicios?Álvaro: En los 80 empezó a formarse ya cierto tipo de cultura del espectáculo y del rock, pero incipiente y nos pasaron anécdotas grotescas como ir a tocar a una discoteca y decirte el dueño “os traigo porque le gustáis a mi hija, pero yo rifo un Seat Panda todos los fines de semana y se me llena esto con 5.000 personas y vosotros costáis lo que un Panda. Y al final el tío agradecernos que se había llenado de gente, que habían bebido más y que no habían roto nada. Luego se animó a llevar a más grupos. Hacer de colono de abrir un poco la brecha tiene su coste, porque no ganas dinero y muy desgasta muchísimo y das de bruces con los problemas que luego los demás se encuentran solucionados, como el hecho de que no haya seguridad, de que no te paguen, que te des en las carreteras unas palizas horrorosas... Nuestros comienzos fueron en un país que salía de una dictadura y donde empezaba la democracia y las libertades.

¿Fueron pioneros entonces?Álvaro: Grupos como nosotros no había ninguno, salvo Tequila y Burning. Había grupos de heavy que no eran nuestro segmento y luego estaban Camilo Sesto, Rocío Jurado, Django...
Recuerdo en fiestas de pueblo compartir camerino con humoristas. Empezaba el humorista, luego Los secretos y luego la orquesta. La gente tenía que aprender que había una nueva hornada de grupos y que teníamos más que ver con lo que estaba pasando en Inglaterra y Estados Unidos y el resto del mundo que con la música ligera que había en España en esa época. Hubo muchos pioneros, no fuimos los únicos.
La cultura de aceptación de una nueva corriente musical al principio era difícil, incluso por la distribución. En la compañía que nosotros estábamos en los 80 se vendían tres veces más cassettes que que vinilos. En la España del 79, por ejemplo, poca gente tenía un tocadiscos en su casa, pero radiocassette tenía más gente.

A ese respecto, en los tiempos de Spotify, ¿tiene sentido vender discos físicos?Álvaro: Sí porque hay gente, yo entre ellos y Ramón creo que también, que tenemos culto y que le gusta tener un soporte donde tengas la información, saber quién ha producido un disco, quién toca, quién quien hace coros, quién ha compuesto esa canción… Pero es cierto que en las redes y las plataformas normalmente se comparten playlist que te mandan amigos o amigas y es una forma de de descubrir nueva música. Creo que a nosotros nos ha venido bien, no económicamente, pero sí para generar trabajo. Hoy en día todo el mundo tiene un smartphone y está a un click de toda la música del mundo.
Ramón: Luego están las modas que vuelven, porque hay muchos devotos del vinilo ahora. En mi barrio un día me encontré que estaban abriendo un sitio de chicos jóvenes y era una tienda de vinilos y casettes. Pronto volverán, porque tiene mucha más calidad y no tienen ruido y no se deteriora tanto, el CD.

Hablaban también de la aceptación musical, las nuevas corrientes... ¿como ven las corrientes musicales que hay ahora y que son muy influidas por ejemplo por Latinoamérica?Ramón: Pues al final es como la rumba, ¿no? La rumba viene del del flamenco español, va a América y vuelve con unos ritmos. Al final todo es ida y vuelta. Si te fijas en las baladas de música country, son una ranchera en inglés. Nosotros, en un momento dado les influimos con la música española y los artistas que aquí iban allí. Ahora ellos empiezan a producir música y llega aquí. Son épocas, son modas. Las canciones que sobreviven son las canciones buenas y suelen estar arregladas con el sonido de la época. Habrá temas buenos que perdurarán y otros que caerán en el olvido y vendrá otra moda de Latinoamérica, de China, de Corea o de donde sea y nos tendremos que adaptar a ella. Los chavales de ahora, cuando empiecen a tocar, tendrán influencia de esos ritmos latinos que están ahora, pero harán otra cosa.
Alvaro: Ahora hay una generación de músicos e intérpretes y solistas muy bien preparados, jóvenes que tocan muchísimo mejor que nosotros a su edad, que han tenido oportunidad de tener tutoriales en Youtube, de ir a escuelas o incluso a programas de televisión o Talent Shows que les han lanzado etcétera, y eso en los 80 no lo había, ¿no? Sin embargo había siete veces más programas musicales especializados y menos talents show.
El vehículo, da igual como lo pintes o lo vistas, es la canción. Ahora se da más importancia a la difusión y a la comercialización, juntando conceptos que nunca han sido lo mismo. Así acaban pensando que fama es igual a gloria, igual a fortuna, igual a éxito,y todo eso igual a artistazo, cuando a la mayor parte de ellos le quitas el Autotune y no saben cantar. Ahí hay una doble vara de medir: Por otro lado, avanzamos en todos los sentidos culturalmente y hay que respetar lo que mi padre no respetaba. A mi padre le encantaba muchas cosas de las que oíamos, pero cuando llegaban los Sex Pistols u otros grupos que poníamos en casa, decía “esto no me gusta”. Pues a lo mejor nos está pasando a nosotros lo mismo ahora con la música latina… aunque no lo creo.
Ramón: El marketing se ha desarrollado hasta un punto que a veces es más importante que el propio producto. Antes la publicidad era para cuando fabricabas algo que estaba bien y querías darlo a conocer y decidir, compre esto porque es muy bueno. Ahora se invierte tanto que puedes vender una piedra y decir que tiene poderes mágicos.

¿Qué tienen ahora en el camerino de un concierto que no tenían hace 40 años?Álvaro. Creo que eso ha variado poco… el mismo tipo de comida, el mismo tipo de bebida... aunque lo que sí ha cambiado es el consumo que hacemos de esas bebidas. Antes teníamos un concierto y nos íbamos por ahí de juerga, ahora ya no, como mucho nos podemos tomar una copita y atender a los fans y luego nos vamos a dormir al hotel. Pero el camerino… tú me pones un camerino de ahora y uno de hace 20 años y más o menos es lo mismo. Ahora están mejor preparados y hay más recintos con mejores camerinos y mejores salas.
Ramón: Sí, sí, pero depende también del sitio. Hay sitios que tienes un camerino estupendo y otros que es un sotanillo con una luz de neón, unos panchitos, unos cacahuetes y chorizo de color rojo chillón o tortilla de patata tipo ladrillo. No tenemos caviar ni champán francés.
Álvaro: Tampoco lo queremos, no somos pijoteros de que quiero tener esto y esto, aunque cuidamos un poquito más lo que comemos.

Eran Los secretos cuando estaba Enrique y siguen siendo Los secretos ahora, ¿Qué define a una banda?Álvaro: Pues como te decía antes, las canciones, que son el gran concepto olvidado de los últimos tiempos. En los años 80 y 90 se hacían buenísimas canciones y ese legado no solamente nos ha mantenido vivos después de la muerte de mi hermano, sino que seguimos apostando por él, es decir, componiendo, haciendo temas. Otra cosa es que nuestra mochila de éxitos no nos permita desarrollar nuevas canciones con la intensidad que nos gustaría.
De Los secretos del año cero a los de ahora lo que hay es una mejora en experiencia y de profesionalidad, pero en esencia tocamos lo que queremos y siempre hemos tenido la suerte de poder hacer eso. A lo mejor hemos pagado un precio o nos ha costado otro tipo de perjuicio, como no ser números 1 o no sonar muchísimo en las radios comerciales o no que no nos hicieran más que cuatro o cinco videoclips cada 10 años. Pero no ser un grupo muy promocionado tiene también sus ventajas, porque si no vives de un éxito es más estable.

¿Son peligrosos los grandes éxitos?Cuando tienes un éxito en el mundo de la música, enseguida quieren que lo repitas y si has vendido un millón de discos y con el segundo 100.000 les parece un fracaso, cuando vender 100.000 es todo un éxito. Nosotros tenemos una identidad sonora o sónica o como quieras llamarlo, muy clara desde el principio, por lo que escuchábamos y por lo que compartíamos los hermanos y por la gente que fuimos encontrando, gente afín en lo musical y sobre todo en lo personal y que pudiéramos admirarnos el uno al otro y poder compartir conocimientos.
El concepto de Los secretos precisamente viene de no tener una explicación ajustable a una moda o ajustable a una corriente cultural o a un estilo. Tenemos una especie de jardincito en el que tenemos la influencia del country rock norteamericano, de la ranchera mexicana, de la new wave británica… Todo eso si lo pasas por un tamiz, terminas haciendo las canciones que hacíamos.

¿Cuántas veces pueden haber tocado Déjame o A tu lado?Ramón: Miles, seguro.

¿Alguna vez se cansan de esas canciones?Álvaro: Pues yo no. Habrá gente que sí, habrá artistas que estén hasta las narices de su repertorio, pero yo no puedo imaginar como pueden estarlo si son el motivo de que toques en un concierto o hagas una gira o vivas como vives. Eso precisamente te lo da el público que asiste a tus conciertos y que quiere escuchar esas canciones. Si hay un público que quiere escuchar un tema esa canción cobra una importancia brutal y tienes que tocarla como si fuera tu mejor tesoro y de la mejor manera posible para que la disfrute la gente que ha ido a verte, que no solamente le ha costado dinero la entrada, sino que le ha costado tiempo y le ha costado molestias de tener que hacer colas o mascarillas o cosas así. Yo nunca me cansaré, porque rindo pleitesía a nuestro público, en cada concierto y en cada momento.

¿Y qué tal llevan el fenómeno fan?Álvaro: Igual que nos hemos tirado más tiempo firmando o haciendo fotos que tocando. Ahora porque son teatros y es más difícil, pero cuando hay fiestas abiertas o fiestas municipales... En Oviedo, que había 21.000 personas yo creo que estuvimos firmando a cerca de 800 personas y nos ayudó la Policía Municipal a organizarlo.
Ramón: Nunca diremos lo que dijo una vez Eric Burdon en un concierto antes de tocar La casa del Sol naciente, que dijo, “I hates this fucking song” [odio esta maldita canción].
Álvaro: A mi hermano Enrique, por ejemplo, no es que no le gustara tocar la canción, es que él pensaba que las canciones más comerciales tenían menos mérito. Yo creo que es al revés, precisamente cuando a más gente llegas, más especial es la canción. El suyo era un planteamiento de querer ser más poco más artista y menos comercial, más que odiar una canción.
Ramón: Eso les pasa a los escritores, también por el tema de de la madurez, que a lo mejor se dieron a conocer por un primer libro que era muy bueno y piensan que ahora hacen libros mejores.

Ahora que son artistas consagrados, ¿de quién aceptarían ser teloneros?Álvaro: De mucha gente… hemos sido teloneros de gente que han sido teloneros nuestros después en alguna ocasión, la vida da muchas vueltas… Yo sería telonero de The Eagles, de Los Rolling, de James Taylor…
Ramón: De Dylan, de Van Morrison… fuimos una vez, y no teloneros en el sentido chungo de la palabra, que tocas dos canciones y están esperando a los principales, dimos un concierto de casi una hora antes los Beach Boys.
Álvaro: Y de Los Ramones, antes de ellos tocamos unos 20 minutos. Me tiraron un bocadillo y me dio en la guitarra (risas). El primero y único concierto que nos han tirado cosas y fue por una cuestión de tribus urbanas.

El año pasado salió la biografía de Los secretos, ¿qué parte fue más difícil de escribir o qué parte costó más?Álvaro: La tarea para mí más complicada fue cerciorarme, o sea, comprobar fehacientemente que mis recuerdos no eran equivocados. En el 2018 hicimos un concierto de aniversario por los 40 años y en 2019 un concierto de homenaje a mi hermano porque se cumplían 20 años sin él. Ambos conciertos con una temática muy bonita porque eran benéficos y otro era un experimento donde nos habíamos gastado casi todo lo que íbamos a ganar en un escenario circular, queriendo festejar más que recaudar. Y lo que pasó es que las dos semanas que hubo de promoción antes de ambos conciertos yo no sé qué información tenía la gente que empezaron a preguntar unas cosas… como ¿qué se siente al ser de la nobleza?
Hay estereotipos de información que se han ido enrocando… ha habido periodistas que me han preguntado cómo era tocar con Steve Jordan, que era el batería de Los Secretos, pensando que era el Steve Jordan estadounidense que tocaba ahora con los Rolling Stones, porque se llamaban igual. Y hasta me discutían.
Luego me preguntaban por cosas de mi hermano que no se correspondían con la realidad. Y si les preguntaba de dónde habían sacado esa información me decían que de la hemeroteca. Ese tipo de desinformación me empujó a reunir todos mis recuerdos, comprobar que eran reales y dar una versión oficial de cada una de las cosas que me habían preguntado en mi vida o de cómo había desarrollado el paso de los años o a través de los discos, qué nos pasó cada año, qué iba ocurriendo con la banda, cómo se añadía gente, cómo iban saliendo…
Te digo una cosa aunque parezca una barbaridad en marzo de 2020 no sólo murió la mejor amiga de mi mujer que, por ende, también era amiga mía, sino que también murió mi suegro. Y murió al mes siguiente, Adam Schlesinger que era uno de los mejores compositores de los de los años 90 y 2000, con 51 años, y yo tenía 57 en el 2020… y pensé que podía caer cualquiera, y no quería que se fuera a quedar el legado de Los Secretos con esa desinformación tan absurda y tan lejos de la realidad.

¿Pasó con la muerte de Enrique?En su día, cuando muere mi hermano, yo no di ninguna explicación porque la prensa nunca los había prestado mucha atención y de repente, gente que no había hablado de nosotros como grupo, pretendía tener la sabiduría como para saber qué hábitos tenía mi hermano, por dónde iba y cómo iba… completamente falso. En vez de ponerme a luchar contra los periodistas y contra el mundo y contra la información, simplemente me aislé. No se dio ninguna explicación en aquella época y también quería completar la información para que no hubiera dudas. Si tienes dudas, léete el libro y verás muchas cosas en las que te estás equivocado.
El devenir de un grupo son cuestiones que nadie se plantea. Nadie empieza desde el día uno y dice “chicos vamos a ver si aguantamos 42 años, vamos a intentarlo”. Las cosas te van llevando por los caminos, empujando como una especie de marea. Y que se te cruce en el camino un señor como Ramón Arroyo es una bendición. Y habrá otros grupos que se cruzan con un gilipollas y terminan peleado y separándose.
Ramón: Si no te va bien es más comprensible que te separes, pero a veces la gente se separa cuando mejor les va. Y empiezan las rencillas y los egos y todo eso.

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