Entrevista

Jorge Blass estrena 'Flipar': "El público perdona el error, pero no perdona el aburrimiento"

El mago Jorge Blass, durante un momento del espectáculo 'Flipar'.
El mago Jorge Blass, durante un momento del espectáculo 'Flipar'.
Fernando Alvarado / EFE
El mago Jorge Blass, durante un momento del espectáculo 'Flipar'.
El mago Jorge Blass, durante un momento del espectáculo 'Flipar'.
Fernando Alvarado / EFE

En un mundo de descreídos, de adultos de vuelta de todo, de tutoriales, de ‘ok, google’ y de desinterés, la magia se bate en duelo contra lo anodino. Es lo que promete Jorge Blass con su nuevo espectáculo de magia Flipar (Teatro Reina Victoria de Madrid, del 1 de diciembre al 8 de enero). Se trata de un show cuya preparación ha llevado dos años y que tiene "nuevas magias que son muy elaboradas y que nunca antes se habían visto, totalmente originales".  

¿Qué nos va a hacer flipar en el nuevo espectáculo? Por ejemplo, hacemos que un espectador del público se vuelva invisible en cada función o que todos los espectadores hagan magia en sus manos. Nos hemos inventado unos exotrajes y subimos a niños del público que se convierten en magos con poderes y pueden levantar pesos de más de ochenta kilos o hacer cosas que un ser humano no podría hacer. Fusionamos la magia y la tecnología de una forma sorprendente.
​Hay un montón de efectos que van a hacer que el público flipe, porque eso es lo que hace la magia. De hecho, el nombre surgió por las redes sociales, porque cuando se publicaba algún vídeo lo que más se repetía eran cosas como "acabo de flipar", "he flipado"… y ha acabado siendo el nombre del show.

¿Cómo es el proceso de creación de un nuevo número de magia?Primero imaginas el efecto, lo que quieres que pase y luego te pones a pensar en métodos o formas de hacerlo mágicos. Hay medios clásicos y otros nuevos que hemos inventado con nuevas tecnologías o elementos que antes no tenías.

Todo mi equipo, que somos 9 lo planeamos y lo probamos. Aunque estoy solo en el escenario hay mucha gente que me acompaña, entre técnicos, maquinistas, audiovisual… Lo pruebas y lo pones por primera vez en escena y ves cómo reacciona el público. De la primera función a pasados unos meses un espectáculo cambia mucho.

¿Prefiere la palabra truco, número…?Están bien todas, magia, truco, efecto… cualquiera es válida.

¿Cómo es eso de que "los niños van a descubrir que los padres no lo saben todo", como dicen en los carteles?Es gracioso porque muchas veces veo que la niña o el niño le dice a sus padres "¿cómo ha hecho eso?" Y el padre o la madre les responden "pues no lo sé". Es graciosa la sensación de que con la magia todos tienen la misma inocencia durante un rato. Las preguntas sobre lo que pasa en Flipar no van a saber responderlas.

¿Son más permeables los niños que los adultos?Yo creo que ambos, pero creo que la magia está más pensada para los adultos, porque la magia se basa mucho en razonamientos que hace la mente humana, jugamos mucho con la percepción, con la memoria… y un niño es más impredecible y tiene un margen de atención más corto, es más inesperado lo que pueda hacer, así que para un mago es más fácil manejarse con un adulto que con un niño.

¿Y es más difícil hacer flipar ahora que hace 10 o 20 años?Sin duda. Ahora el tiempo de atención es muy corto y es más difícil sorprender. La tecnología hace que la gente haya podido ver muchas cosas, que haya podido buscar en Google todo y todo lo que hacemos tiene que estar blindado, a prueba de Google y de Youtube, que lleve a ver la magia en directo. Los métodos tienen que ser más avanzados. El público que tenía Houdini hace 100 años era mucho más crédulo, nada que ver con el público de ahora.

¿Los magos pierden la capacidad de sorprenderse?Puede ser un riesgo, porque cuando conoces los métodos y trabajas en ello no te sorprenden tanto las cosas, pero de pronto surgen nuevas magias o métodos que son tan sorprendentes que le dan la vuelta. En este show hay tres cosas que tienen métodos muy nuevos que creo que incluso a los compañeros magos les van a sorprender.

¿Es verdad que un buen mago no desvela sus secretos?Sí, pero sobre todo por el público. Cuando empecé en esto le hacía magia a mi hermano, que tiene seis años más que yo y tenía la tendencia a revelarle después el truco, en plan “mira Alberto, lo he hecho así” y veía la cara de mi hermano que se deshacía y pensaba que era una tontería, cuando al principio al ver el truco estaba emocionado. Y te das cuenta de que es mejor guardar el secreto, porque el público no es más feliz sabiéndolo, al contrario. Si la gente supiera probablemente en general no le daría valor a la magia, porque hay cosas que parecen extraordinarias que provienen de efectos muy ingeniosos pero sencillos. Creo que en realidad no lo quieren saber, aunque digan que sí. En los vídeos de internet donde sale un mago que hace algo al lado suele estar la explicación y ese otro vídeo no tiene apenas visitas, lo que demostraría que la gente no quiere saberlo.

¿Cuánto les lleva preparar el show cada día?Antes del espectáculo hay que hacer la pasada técnica. Llegamos dos horas antes al teatro y tenemos que revisar las 140 memorias de luz, chequear que los efectos están bien, resetearlo todo… eso nos lleva como una hora y media y la otra media hora antes para abrir la sala.

¿Qué le hace flipar a Jorge Blass?He dicho siempre que el jamón, pero también es verdad que me encanta viajar. Estuve este año con la familia en Islandia y flipé. Me flipan los viajes a lugares recónditos. Y muchas de las cosas que me hacen flipar están en el show, como la mariposa monarca, que vuela 4.000 kilómetros ella sola o la tecnología.
​Me flipan programas como Shazam, que te permite saber qué música estás escuchando. Hace diez años podría haber cerrado un número con eso. La magia va unida a la tecnología. La magia fantasea o anticipa lo que va a pasar y al tiempo la tecnología acaba por hacerlo realidad, por materializarlo. En la magia usamos procedimientos mágicos o ingenio que son artísticos, no son científicos, pero simulamos esa tecnología posible, que puede adivinar lo que piensas, por ejemplo. Siempre habrá ideas mágicas que sigan por delante.

¿La magia tiene aplicación práctica en el día a día?Sobre todo en lo que se refiere a la magia y la psicología, en el jugar con la atención, con la memoria, el poner el foco en un lugar y que lo demás no se recuerde. Eso lo hacen los políticos también (risas) y los magos sabemos verlo. También lo vemos en el marketing, cuando llaman tu atención a unas cosas y la desvían de otras.

Tiene un hijo, ¿cómo vive que su padre tenga una profesión tan poco común como la de mago?Antes lo vivía con mucha emoción y a medida que crece, que ya tiene once años, va lamentándose de que su padre sea mago (risas). Es broma. Él es muy futbolero y no estará en el estreno porque estará viendo el partido. Juega en el Atlético de Madrid y está muy entregado al fútbol. Le gusta la magia, pero no como para dedicarse a ello.

Historia de un mago 

¿Recuerda el primer truco que aprendió a hacer?Eran tres cuerdas de colores que se unían en una sola. Lo aprendí con 12 años. Entré en una tienda que sigue existiendo, en la calle San Mateo, Magia Estudio y me vendieron una cuerda que se llamaba la cuerda tricolor, que se fusionaba en una sola. Años más tarde hice un anuncio para Telefónica, que me dio a conocer a más público y también eran unas cuerdas que se unían, así que ese juego ha estado un poco presente en mi vida.

¿Y cuál fue el primer truco de magia que vio?El primer truco de magia que yo vi está en el show. Era un truco que le vi a Juan Tamariz en la tele y en un momento dado en Flipar hablo de lo que me sorprende a mi y reproduzco aquel juego que vi con seis años en un programa de TVE que se llamaba Magia Potagia, un truco que se llama La carta ambiciosa, una carta que sube sola para arriba.

¿Qué le dijo su familia cuando dijo que quería ser mago?Me decían que estudiara, que sacara buenas notas y que entonces podría ir a clases de magia. Se les fue de las manos, porque llegó un momento que yo tenía una jaula de palomas en el salón, de una casa no muy grande, una máquina de cortar personas… estaba la casa inundada. Llegó un momento en el que vieron claro que eso era lo mío. Estaba estudiando Psicología en la Autónoma, pero en tercero empecé a tener mucho trabajo y desaparecí de la Universidad, no me volvieron a ver y me dediqué a la magia.

¿Recuerda por qué y cuánto ganó por primera vez haciendo magia?Fue en una actuación en una urbanización de unos amigos de mis padres cerca de Madrid. Era una fiesta de la comunidad de vecinos, como para 30 niños y me pagaron 10.000 pesetas de la época, lo que estaba muy bien. 

¿Ha cambiado en algo la forma en que se enfrenta a un escenario?Sí, el haber recorrido muchos escenarios y haber actuado mucho te da mucha tranquilidad y mucha serenidad. Cuando empiezas tienes nervios y no sabes gestionarlos. Siempre existen, los nervios implican que te gusta lo que haces, que no estás desconectado, te mantienen alta la adrenalina, pero los nervios no pueden bloquearte y cuando empiezas no te dejan pensar. A medida que actúas vas tomando serenidad y te das cuenta de que puedes planear mil cosas y tener un plan b y un plan c, pero que un show es imprevisible y tienes que estar alerta y jugarlo. El público perdona un error, lo que no perdona es el aburrimiento.

¿Cuál fue su primer gran tropezón y como lo superó?Fue en televisión. Hacía un programa en directo con Ramón García. Fue por un error de cámara. Ensayamos un juego que se podía ver solo de frente y pusieron la cámara de detrás y se vio el truco en directo. Fue para mí muy terrible en ese momento y sufrí mucho, pero luego te das cuenta de que tenemos la gran suerte de que el público recuerda lo positivo y lo malo lo olvida rápido. El actor Fernando Fernán Gómez decía “vivimos de la mala memoria del público”. Y en esto pasa un poco igual. Las cosas pasan y el que hace cosas se equivoca, pero no muere nadie, no sucede ningún drama... El público normalmente no es partícipe del fallo porque no sabe lo que va a pasar y lo reconducimos siempre.

El show debe continuar, ¿no?
Una cosa muy mala que me pasó en el 2010 en un estreno es que me rompí el tendón de Aquiles haciendo una levitación en el escenario. Me lo rompí al 70% y tenía mucho dolor, pero terminé ese show, quedaban 20 minutos y después me tuvieron que operar. Y mucha parte del público no se dio cuenta. El público no puede ser nunca el damnificado, va a disfrutar y pase lo que pase se acaba y si se cae el teatro pues con una sonrisa (risas).

Sufrió un atropello y las lesiones le dieron problemas…Fue al salir de un espectáculo. Un coche me atropelló y me rompí el cúbito y el radio y fue una temporada difícil porque fueron meses en los que no movía bien los dedos, pero me recuperé.

¿No es un poco pesado ser mago en reuniones familiares y de amigos?Tienes que saber llevarlo, igual que le pasa a los médicos, sabes que te van a preguntar… es algo que va con la profesión, hay que asumirlo. Siempre llevo una baraja y hago algo encantado, si la situación lo permite.

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