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Liz Truss, una 'dama de hierro 2.0' que se rindió a los 44 días de llegar al poder

Liz Truss, nueva primera ministra británica.
Liz Truss, la exprimera ministra británica.
Henar de Pedro
Liz Truss, la exprimera ministra británica.
ATLAS

Liz Truss (Oxford, 1975) duró 44 días en Downing Street. La victoria ante a Rishi Sunak en la carrera conservadora por suceder a Boris Johnson fue breve, turbulenta y complementada por el adiós a la reina Isabel II. "Soy una luchadora, no una desertora", señaló el día antes de anunciar su dimisión. Era el día 43 de su mandato, el penúltimo.

El desgaste sufrido en las últimas semanas —con las dimisiones del ministro de Economía, Kwasi Kwarteng, tras no poder llevar adelante su plan fiscal con bajadas masivas de impuestos, y a su ministra de Interior Suella Braverman, incentivada por las intensas presiones en el corazón de su partido— ha obligado a Truss a poner punto y final al mandato más corto de un primer ministro en la historia del Reino Unido.

Un 'gatillazo' conservador en plena crisis

Su triunfo al frente del partido conservador fue gracias a su perfil duro, de una persona leal, y por una carrera política experimentada. Entonces, Truss parecía preparada para mandar y solventar sus incongruencias: por ejemplo, en 2016 votó a favor de que el Reino Unido siguiera en la Unión Europea. Pero todo fue breve.

Liz Truss se convierte en la primera ministra más breve de Reino Unido.

Pasó por la Universidad de Oxford y sus primeros pasos políticos fueron en el Partido Liberal, aunque a mediados de lo 90 ya se afilió a los tories. Su carrera profesional, desarrollada como economista, ha estado ligada directamente con la actividad política, hasta que llegó a la Casa de los Comunes ya en el año 2010. Las familias y la educación fueron dos de sus grandes pilares y, sin ir más lejos, fue Secretaria de Estado de Medio Ambiente, Alimentación y Medio Rural en el Gobierno de David Cameron y Secretaria de Estado de Justicia con Theresa May. Después, ya con Johnson, ocupó el cargo de Ministra de Igualdad y de responsable de Exteriores.

Este último puesto es el que le dio mayor notoriedad, sobre todo en el marco de la invasión rusa de Ucrania, pero también en lo referente al brexit. En 2016, Truss votó por la permanencia, pero no ha tenido problemas en reivindicar en los últimos meses la 'presión' a la que somete Bruselas al Reino Unido. Su perfil, recto y muy duro, no aventura buenas relaciones con la Unión si llega a primera ministra y de hecho ya ha dejado claro que suspenderá el artículo 16 del acuerdo. Ese paso rompería de plano el Protocolo de Irlanda, uno de los principales pilares, y por ende todo el pacto. Bruselas ya asume que se avecina un periodo complicado si ella llega al poder.

Una Margaret Thatcher 2.0 efímera

Truss, al fin y al cabo, quería ser Margaret Thatcher. Una especie de 'dama de hierro 2.0' que hizo de las drásticas bajadas de impuestos su bandera en la carrera hacia el número 10. No era la favorita entre la población británica en general, pero sí entre quienes decidían: el Partido Conservador quería un revulsivo. Sabía que lo necesitaban. Y ese golpe de efecto fue una Truss que, con todo, no tenía buenas relaciones con los medios de comunicación. Sin ir más lejos, suspendió una entrevista que tenía programada en la BBC porque, dijo, no podía "perder el tiempo".

Frente a las medidas quirúrgicas que planteaba su rival, Rishi Sunak, Truss abogó por un terremoto económico. Nada nuevo: en su momento fundó el grupo de libre empresa de parlamentarios conservadores, una colección de parlamentarios de libre mercado que abogan por una economía más empresarial y menos leyes laborales. Es una firme defensora del libre mercado y quiere, al fin y al cabo, menos Estado en la vida de la gente. Los tories, con ella, buscaban volver a los orígenes y todo ha concluido rápido y en la casilla de inicio.

Dureza frente a Rusia

En su legado, sí deja una posición dura frente a Rusia. Con Truss llegaron sanciones y una estrecha relación Londres-Kiev que parece inquebrantable. También anunció su intención de impulsar un sistema de defensa del Reino Unido y que queda ahora en el aire, un reflejo de la incertidumbre británica. La mano dura, por lo tanto, es aplicable a casi todas las áreas, pero con poca proyección.

De la paciencia inicial —supo esperar su momento, no estuvo salpicada por el partygate (Sunak sí) y se mantuvo con un perfil bajo mientras Boris Johnson caía—, a la cascada descontrolada por tratar de aplicar un plan fiscal 'atómico' en un país descontrolado. "Estoy lista", dijo al llegar a Downing Street. "No puedo cumplir el mandato", dijo al salir por la puerta. Ese es el legado de Lizz Truss, el mandato más breve en la historia del cargo en Reino Unido.

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