Rebeca Marín  Periodista y escritora
OPINIÓN

Un gesto de mil palabras

Los jugadores de la selección de Irán, sin quitarse las chaquetas durante el himno en señal de protesta.
Los jugadores de la selección de Irán, sin quitarse las chaquetas durante el himno en señal de protesta.
Canal 1

Dicen que una imagen vale más que mil palabras, yo añado que un gesto contiene esas mil palabras y muchas más. Acabo de ver la película Elvis, el biopic sobre la vida de Elvis Presley y descubro que sus movimientos de pelvis estuvieron a punto de llevarle a la cárcel. En una América segregacionista, mojigata y cerril, se interpretaban como una provocación obscena para las masas. Él se rebeló contra eso y no quiso abandonar su esencia. 'Menos obsceno', pero rotunda, ha sido la reciente imagen que compartimos de Nadal y Federer dándose la mano en la despedida del segundo. Un gesto que sorprendió a muchas y muchos, en una sociedad donde los hombres que demuestran sentimientos son homosexuales, sensiblones o lloran "como una mujer".

Y mientras, otras reclaman que les den la mano "como a un hombre". Me refiero a la reina doña Letizia, que hace poco pedía a un mandatario europeo que le estrechase la mano así. Aludiendo a la fuerza, determinación y, sobre todo, igualdad respecto a sus compañeros varones, algo de justicia, pero que, gracias al lenguaje patriarcal heredado, son virtudes patrimonio de los hombres. Por eso, un gesto como el de los jugadores de la selección iraní, que no se quitaron la chaquetilla para no mostrar su bandera en repulsa al asesinato de Mahsa Amini, la mujer muerta a manos de la policía de la moral, es tan importante. A veces, cuando las palabras cuestan la vida, los gestos se erigen en tablas de salvación que rescatan mensajes y reivindicaciones justas que se ahogarían en la inmensidad frívola que nos rodea. Por eso, unos cuernos nos definen, pero no me refiero al vilipendiado Onieva, sino al resto de hipócritas que se echan las manos a la cabeza.

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