Los pueblos fantasma que ha dejado el volcán de La Palma: Puerto Naos y La Bombilla siguen intransitables un año después

Imagen de archivo del control de acceso de Puerto Naos.
Imagen de archivo del control de acceso de Puerto Naos.
EFE/ Luis G Morera
Imagen actual de la playa de Puerto Naos.
Atlas

"¿Has visto las fotos de Chernóbil? Pues así es como está todo". Un año después de haber abandonado su casa, Fran Garlaz, propietario de una finca ecológica en Puerto Naos, piensa en su pueblo como si fuera el vestigio de una vida pasada. La lava del volcán de Tajogaite, que dejó de brotar el pasado 13 de diciembre, no engulló su casa. Por suerte, el volcán se apagó antes, pero los gases se quedaron, y la existencia permaneció muda. 

Garlaz no sabe cuándo podrá regresar a su casa. Ni él ni más de 1.400 vecinos. Hoy esta localidad, principal núcleo turístico de la isla de La Palma, y la población costera de La Bombilla, permanecen abandonadas, y sus calles aguardan a la espera de que la naturaleza de el visto bueno para volver a escribir la vida en ellas.

"A mí los volcanes me han fascinado siempre", dice al otro lado del teléfono. "Siempre quise asistir al espectáculo del poder de la tierra. Lo que no sabía es que lo tendría en el patio de atrás de casa".

Localización de Puerto Naos y La Bombilla.
Localización de Puerto Naos y La Bombilla.
Carlos Gámez

Sin tiempo para mirar atrás

Días antes de que el volcán rompiera la tierra en Cumbre Vieja, las perspectivas de una posible erupción se podían palpar en Puerto Naos. Era una posibilidad, aunque habían pasado cincuenta años de la anterior erupción y pensar que podría volver a suceder parecía muy lejano. Los vecinos estaban alertados y muchos de ellos tenían una pequeña maleta a mano por si la historia decidía abrirse camino cerca de sus casas.

 "Al principio lo viví con emoción. Desde Puerto Naos no llegamos a contemplar el lugar donde fracturó pero rápidamente evacuaron a la gente. Yo me quedé en mi casa porque tengo animales en la finca", reconoce Garlaz. Cinco días después no tuvo alternativa y tuvo que salir, dejando cerrada la cancela a su espalda.

Algo parecido vivió Laly Villalba, que no solo tuvo que abandonar su casa, sino también su cafetería: "A las 11 de la mañana mi hija notó un temblor muy grande. Ella se asustó tanto que me pidió que nos fuéramos de la casa. Yo no lo veía tan claro. Al fin y al cabo la playa, los restaurantes y las terrazas estaban a tope de gente... Puerto Naos estaban lleno y yo no pensé que fuera a salir el volcán tan rápido". Cuando vi el volcán estaba impactada. Era un espectáculo de la naturaleza, hay que reconocerlo. En ese momento no podía pensar en nada, pero después dije: 'esto se va a llevar todo'".

El tiempo pasó y el volcán seguía activo. La lava llegó al mar y las probabilidades de que afectara a su casa aumentaban. "Nunca imaginé que el volcán iba a hacer lo que hizo, pero cuando vi que estaba tan cerca de La Bombilla creí que si tardaba un mes más se lo llevaría todo", dice recordando Villalba. Afortunadamente, paró. Pero la actividad del volcán continuaba y los gases salían por el suelo de Puerto Naos, elevando los niveles hasta cifras insalubres.

Laly Villalba, afectada por el volcán de La Palma.
Laly Villalba, afectada por el volcán de La Palma.
CEDIDA

Según explica a 20minutos el vulcanólogo del Instituto Geográfico Nacional, Stavros Meletlidis, esto se debe al fenómeno volcánico, que emite material a la superficie: "En la profundidad la tierra no puede quedar hueca, entonces hay un movimiento de magma que debido a a la alta sismicidad y a la erupción crea una fracturación del terreno, pues parece que a través de esa fracturación está subiendo gas procedente de ese cuerpo magmático".

El gas comenzó a salir cuando empezó la erupción y no ha cesado desde entonces. Las casas se habían salvado, pero la incertidumbre continuaba.

Subsistir con ayudas y sin ingresos 

Con trajes que cubren el cuerpo entero y máscaras para acceder a las  estancias con mayores niveles de gas, los técnicos siguen un año después monitoreando Puerto Naos. Las balizas medidoras persisten en mostrar malas noticias y la desesperación por no saber cuándo podrán volver ahogan económicamente a los afectados. 

"Para el alquiler de los tres primeros meses nos ayudó Cruz Roja. Después ya no podían más y hasta junio no nos ha llegado la ayuda del alquiler. Ese mes nos llegó con carácter retroactivo", explicaba hace unos días Laly Villalba. En el mismo sentido se lamentaba Fran Garlaz: "El Estado dice que nos va a ayudar, pero el dinero te lo da cada cuatro meses y tienes tú que ir pagándolo todo, y yo no he podido hacer ni un euro desde el 19 de septiembre y la descapitalización es constante".

Villalba, que es además presidenta de la asociación de empresarios de Puerto Naos, reconoce que la situación de los trabajadores es compleja: "Si eres autónomo y tienes trabajadores en ERTE no te puedes dar de baja. Tenemos ingreso por el cese de actividad, pero claro, tenemos que pagar el 10% de la seguridad social de los trabajadores y, aunque no deberíamos, a veces nos cobran la cuota por error. Hay compañeros que les han cobrado todos los meses. Incluso en ocasiones por duplicado. Nos dicen que es por error y que lo devuelve, pero todavía están esperando que lo hagan".

"A veces nos cuesta tener hasta para comer, tienes que ir a Cáritas", explica la empresaria palmera, que reconoce que la Cámara de Comercio le ha dado una ayuda del Gobierno de Canarias por las pérdidas económicas de los seis primeros meses, pero que ya "llevan otros seis meses más" y han solicitado "al Gobierno de España, al de Canarias y al Cabildo que les exoneren de tener que pagar estas cosas".

Sobre las ayudas a los vecinos de Puerto Naos se han pronunciado este lunes el Gobierno de Canarias y el central. El presidente canario, Ángel Víctor Torres, ha presentado un proyecto prevé ofertar casas alternativas hasta que los gases permitan volver. Además, el ministro de Presidencia, Félix Bolaños, ha asegurado que el Consejo de Ministros de este martes aprobará una nueva transferencia de 6,5 millones de euros para ayudar a la compra de enseres. Así mismo, ha anunciado una nueva moratoria en el pago de las hipotecas para los afectados por los daños causados por el volcán.

Un futuro incierto

En estos meses, algunos vecinos ya han podido acudir a sus casas para recoger algunos enseres o ver en que situación se encuentra la casa o el local. Garlaz explica que cuando volvió todo estaba "deteriorado" y "envejecido": "Como tuve que salir con bastante prisa, al volver estaba puesta hasta la mesa con un plato con ceniza y polvo". 

Un plato cubierto de cenizas en la casa de Fran Garlaz, en Puerto Naos.
Un plato cubierto de cenizas en la casa de Fran Garlaz, en Puerto Naos.
CEDIDA

Para Villalba ver su cafetería por dentro fue imposible, ya que cuando quiso acceder el medidor arrojó altos niveles de gas: "Desde la puerta pude ver que estaba todo más o menos bien. Con polvo, pero es normal después de un año. Eso sí, después de este tiempo seguro que ninguna máquina funciona, porque los motores de muchos electrodomésticos si los apagas durante un tiempo ya no funcionan. Cuando podamos volver habrá que cambiar todo".

Pensar en el futuro se ha vuelto para muchos de ellos un trabajo titánico. Por ello, se han realizado varias charlas con los técnicos, miembros de la administración, vulcanólogos y científicos. En algunos momentos de estos encuentros el tono se eleva, mostrando la exasperación de muchos vecinos, que proponen mantener permanente las casa abiertas para que no se cumulen los gases, usar técnicas de ventilación forzada o incluso pedir que se les deje volver porque consideran que los niveles de gas no son incompatibles con la vida.

Cómo explican en estas reuniones, no es únicamente la ventilación lo que impide la acumulación, sino también otros factores como la climatología, mareas o presión atmosférica. "Entiendo que hay mucha gente que no se cree lo de las mediciones, pero yo es que desde el principio he acudido a todas las reuniones y por mucho que haya leído no soy científica", reconoce Villalba, que prefiere dejar que sean ellos los que se ocupen de las mediciones y les guíen sobre lo que va a ocurrirá los próximos días, meses o años.

"¿Cuál es mi futuro?", se pregunta Fran Garlaz: "No lo sé, pero tengo tres hijos, mi hija mayor ha ido a la universidad este año y lo estoy pasando mal para poder mantenerme porque no estamos recibiendo las ayudas necesarias".

Laly Villalba afronta el porvenir con la misma vacilación: "Yo he estado todo este tiempo sin saber si me arriesgo e intento abrir en otro sitio un local, pero después pienso que quizás en un año ya vuelvo y que no sé cómo podría invertir. Tengo 58 años. De lo que tengo ganas a estas alturas en jubilarme". "Es complicado plantearse un futuro con la incertidumbre de no saber si vuelves mañana o dentro de dos años", dice antes de colgar el teléfono. Se cumple un año del inicio de la erupción en La Palma y nueve meses desde que el cráter dejó de bramar, pero las heridas de aquel volcán siguen humeando en una isla que quiere mirar hacia adelante.

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