El Reino Unido pisa terreno desconocido sin Isabel II: "No se avecina una crisis, pero sí es un momento de catarsis nacional"

La reina Isabel II, durante el desfile por su Jubileo de Platino.
La reina Isabel II, durante el desfile por su Jubileo de Platino.
EFE / EPA / SGT DONALD C. TODD / BRITISH MINISTRY OF DEFENCE

En 1952 Elizabeth Alexandra Mary sucedió a su padre en el trono del Reino Unido para pasar a ser desde entonces Isabel II. Han pasado siete décadas desde entonces y con su fallecimiento se abre una nueva era para el Reino Unido, que realmente entra en un terreno desconocido. Su sucesión está medida al milímetro y el camino del todavía príncipe Carlos hacia el trono ha empezado con la llamada operación Puente de Londres, que se refiere a todo el dispositivo que se activa tras la muerte de la monarca y que implicaría no solo a todas las estancias del Estado, así como las empresas de transporte e incluso los medios de comunicación.

Es un protocolo que se aprobó en 1960 y que se ha ido actualizando con los años y Australia, Canadá y Nueva Zelanda tienen sus propios planes, activados en cuanto se comunica el fallecimiento y, eso sí, el Centro de Respuesta Global del Ministerio de Asuntos Exteriores y de la Commonwealth es el encargado de comunicar la noticia al resto de países de la organización. La sucesión, en términos legales, se rige por el Acta de Unión (1800), que restableció las previsiones del Acta de Establecimiento de 1701 y la Declaración de derechos.

La reina, que estuvo casada durante 73 años con el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, hasta su fallecimiento en abril de 2021, tiene cuatro hijos, ocho nietos y doce bisnietos. El orden de sucesión establece que el hijo mayor ascenderá al trono en caso de que el monarca muera o abdique, normas que fueron enmendadas en 2013 para garantizar que los hijos no tenían preferencia sobre sus hermanas mayores, en caso de haberlas.

Cronología de Isabel II.
Cronología de Isabel II.
Henar de Pedro

De esta forma, el príncipe Carlos es el heredero de la reina y ya es rey, aunque no coronado, una vez que se ha confirmado el fallecimiento de Isabel II. Es más, no tiene por qué reinar con su nombre de pila. El segundo en la línea sucesoria es el príncipe Guillermo, mientras que el hijo mayor de éste, el príncipe Jorge, figura en tercer lugar. En el Reino Unido, en el caso del monarca, sus poderes son simbólicos y ceremoniales y permanece neutral en el plano político. Asimismo, tiene entre sus competencias nombrar al Gobierno invitando al líder del partido que gane en las generales y disolver el Ejecutivo antes de los comicios.

El monarca es además jefe de Estado de otros catorce países de la Commonwealth, un grupo que se redujo en 2021 después de que Barbados se convirtiera en una república. Varios países caribeños, entre ellos Antigua y Barbuda, Bahamas, Jamaica y San Cristóbal y Nieves han apuntado además su intención de seguir los pasos de Barbados.

¿Y ahora qué? Este mismo viernes el Consejo de Adhesión se reúne, según lo previsto, en el Palacio de St. James para proclamar al nuevo rey y la Cámara de los Comunes convoca una sesión para que los parlamentarios juren lealtad al nuevo monarca. Las banderas ondearán a media asta y habrá múltiples avisos tanto en la web de Buckingham como en la entrada del propio Palacio. Según la operación Puente de Londres, al morir en Escocia (en la residencia de Balmoral) el responso más inmediato tendrá lugar en la catedral de Edimburgo. 

No obstante, el 'traspaso' de poder hacia su hijo no terminaría hasta que el féretro no llegue a Londres, según otro plan paralelo llamada operación Unicorn. El funeral de Estado tiene que celebrarse en la Abadía de Westminster nueve días después de su fallecimiento. Tras la ceremonia, Isabel II será enterrada en la Cripta Real de la Capilla de San Jorge junto a su marido Felipe de Edimburgo.

En 1701 se aprobó un Acta de Establecimiento para tratar de aislar a los católicos del trono, y ahí quedó escrito que el heredero tenía que ser protestante, aunque eso ahora mismo ya no sigue vigente

Guillermo Íñiguez, doctorando en la Universidad de Oxford y analista especializado en política británica explica a 20minutos que "no se avecina una crisis porque el mecanismo de sucesión está perfectamente calculado y previsto, pero sí que es indudable que la reina (más que la propia monarquía) era una de las pocas instituciones que han sobrevivido a esta década de declive institucional en el país". No obstante, reconoce que "su muerte puede ser un momento de catarsis nacional y abrir una serie de debates sobre su papel en el mundo". Asimismo, pide tener en cuenta la Commonwealth. "Muchos de estos países ligan su permanencia a la figura de la Reina más que a la monarquía en sí misma", por lo que ahí "sí se puede abrir un debate".

De cara al futuro, Íñiguez comenta que "Carlos no es que sea en sí una figura menos conocida que la reina, y en caso de que lo sea no lo es por deméritos suyos", incluso pese a que "le hizo daño por ejemplo el episodio con Diana". Con todo, "la reina es una institución para el país" y en ese sentido su hijo "no tiene la capacidad de cohesión que sí tenía" Isabel II.

Inés Gómez Durán, periodista especializada en Relaciones Internacionales, recuerda que según el Acta de Establecimiento "el heredero tiene que ser el descendiente directo", por lo que no cabe que no sea Carlos el próximo rey, y "Camila sería reina consorte, sin que sepamos cómo se van a tomar los británicos este punto". Sobre el Acta de Establecimiento, explica que "en 1701 se aprobó un Acta de Establecimiento para tratar de aislar a los católicos del trono, y ahí quedó escrito que el heredero tenía que ser protestante, aunque eso ahora mismo ya no sigue vigente". Esto quiere decir que, lejos de lo que dicen algunas voces, "Guillermo no va a ser rey mientras su padre esté vivo".

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