Juan Luis Saldaña Periodista y escritor
OPINIÓN

El pijoalpargata

Alpargatas para todos los gustos.
Alpargatas para todos los gustos.
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Alpargatas para todos los gustos.

Cada estación del año tiene sus peculiaridades, sus tradiciones y, por supuesto, sus dramas. Uno de los dramas del verano es el calzado masculino. Es preciso detener la mirada en un calzado concreto sobre el que no se está hablando lo suficiente. “Poco se habla”, como dicen los que han convertido su vida en un vídeo o su vídeo en una vida. Es así: poco se habla de las alpargatas y del idilio que los pijos mantienen con ellas desde hace ya mucho tiempo.

Observo a los pijos con delectación, un punto de admiración, algo de cariño, una pizca de sorpresa y algo de asco. Tienen sus códigos, sus normas no escritas, aunque, a veces, las escriban. “El rosa está bien, el negro está mal” sería, por ejemplo, una norma pija muy evidente. Entre sus normas no escritas, existe una excepción llamativa que dice que las alpargatas son para el verano y que quedan bien con camisa, con pantalón corto y con lo que sea necesario.

Nace así el pijoalpargata, personaje al que se puede avistar por algunas zonas costeras del país. Lleva camisa de marca, bien planchada -hay una infraestructura importante detrás de las camisas de un pijoalpargata-, un pantalón corto con cinturón, casi siempre trenzado y, después, las alpargatas de toda la vida, las que llevaba la señora Eulalia en el pueblo. Hay un tipo de pijos que pisan la parte de atrás de la alpargata, quizá los más desenfadados, y otros que no.

El pijoalpargata se asoma feliz por las redes sociales. Tiene conciencia de clase. Tiene orgullo de pertenencia y hace cierto alarde y ostentación de alpargata en una sutil muestra de humanidad, en un “aquí estoy yo, que he bajado al barro”, en una cierta forma de mostrarse humano, condescendiente, flexible con la norma y díscolo con la elegancia. Hay en el pijoalpargata una convicción íntima de que ese calzado es el idóneo para subir a un yate mental que puede o no existir.

Empezaron a no valer las alpargatas del chino. Todo es susceptible de ser pijo y de llevar una marca. 

Las marcas olfatearon ya hace tiempo esta tendencia. Empresas familiares con apellidos sonoros dan nombre a un tipo de alpargata concreta que se vende a un precio respetable. Empezaron a no valer las alpargatas del chino. Todo es susceptible de ser pijo y de llevar una marca. Dicen que el fundador de Ikea va todos los días en autobús o que el millonario Slim vive en la misma casa de siempre. Un chef juntó un día chocolate con parmesano y otro mezcló panceta con sirope de arce. Triunfaron. Son extravagancias, permisos que uno se da de vez en cuando. El pijoalpargata se permite ir calzado así porque dice que es cómodo. Se engaña. Lo hace por emulación. Es lo que toca. Otro día hablaremos de la comodidad. 

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