Rebeca Marín  Periodista y escritora

Derecho a no ser madre

Manifestación contra el fallo que prohíbe el aborto frente al Tribunal Supremo en Washington (EE UU).
Manifestación contra el fallo que prohíbe el aborto frente al Tribunal Supremo en Washington (EE UU).
EFE/ Lenin Nolly

Érase una vez, en un país muy lejano, donde ondea la bandera de la libertad y la democracia, llamado EEUU, el aborto ha dejado de ser un derecho Constitucional. Tres estados se han sumado a la derogación inmediatamente, pero 23 más podrían unirse. La comparación con la serie El cuento de la criada ya resulta repetitiva y obvia, pero inevitable. Un país en el que unos señores y señoras llamados ‘provida’ dominan el partido republicano y se autodenominan ‘defensores de la vida’, pero, curiosamente al mismo tiempo, se oponen a legislar contra las armas.

Un poco más cerca, en un país mucho más pequeño, donde la democracia llegó más tarde, pero se nos hincha el pecho diciendo que somos adalid en la defensa de los derechos humanos, España, y en tierras castellanas, el vicepresidente autonómico, García-Gallardo, de VOX, ha dicho que «se nos olvida que el fin del sexo es la procreación». Me van a perdonar si resulto repetitiva con la comparación con la serie americana, pero parece que el ficticio estado de Gilead está más cerca de la realidad que de ser cuento.

Y un poco más cerca todavía, en un rincón de la ciudad de Madrid, donde una cumbre de la OTAN lo copa todo, mañana tendrá lugar la XI Bienal de Arte de Lanzarote, un proyecto dirigido por Adonay Bermúdez, en el que artistas hablan de la realidad en libertad y donde, una en concreto, Mónica Mayer, proyectará un vídeo en el que cientos de mujeres expresan su derecho a no ser madres, sí, porque es un derecho de las mujeres. Un encuentro donde el arte es la herramienta para denunciar la sociedad y reflexionar sobre los cuentos. Porque cuando dejan de serlo y se convierten en realidad, como este, nunca hay un final feliz.

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