Jaume Barberà  Periodista

Criptos

Un analista calcula que la caída del Bitcoin podría llegar hasta los 17.000 dólares.
Un analista calcula que la caída del Bitcoin podría llegar hasta los 17.000 dólares.
Art Rachen vía Unsplash

Tengo un amigo al que, en un momento de hastío, algunos vendedores de crecepelo le hicieron creer que convertirse en jornalero de la bolsa, en day trader, vaya, sería la solución a todos sus problemas. Para conseguirlo, solo tenía que hacer algún curso de análisis técnico y, con toda seguridad, ganaría muchísimo más de lo que ganaba como administrativo y, además, no tendría ni jefes ni ataduras de ninguna clase: solo tenía que decidir cuánto quería ganar y punto.

Mi amigo se lo creyó. Dejó su trabajo y, con el finiquito, se compró un buen ordenador y abrió una cuenta con un broker de divisas.

Los que le apreciamos le dijimos que se lo pensara tres veces, que en la vida no hay duros a cuatro pesetas.

No te pierdas el futuro, no renuncies a hacerte rico”, leo en una publicidad de criptomonedas en la marquesina de una parada de autobús. Y me recuerda lo que se dice que dijo Rockefeller: “Cuando mi limpiabotas invierte en bolsa, 
yo lo vendo todo”

Como pasa con los que son abducidos por sectas, nuestro amigo tenía respuestas para casi todo que, en resumen, es el “los poderosos no quieren compartir su fuente de riqueza y os mantienen en la ignorancia”.

Joan, así se llama el amigo, se encerró en su casa y empezó a hacer day trading, a comprar y vender divisas. Apenas salía y, cuando lo hacía, se mostraba ansioso por volver a encerrarse otra vez en su habitación.

La aventura le duró un año y medio. Había perdido casi la totalidad del finiquito y su mujer le amenazó con separarse.

Al cabo de un tiempo, Joan nos reconoció que teníamos razón, que en aquel mundo de las divisas (Forex) había mucho delincuente y muchas estafas, que nada era lo que parecía.

La historia está llena de estos casos. Llena. Cada década tiene los suyos. Ahora, el furor y frenesí son las criptomonedas. Hace unos días hubo una carnicería. Algunos lo perdieron todo. Otros, casi.

“No te pierdas el futuro, no renuncies a hacerte rico”, leo en una publicidad de criptomonedas en la marquesina de una parada de autobús. Y me recuerda lo que se dice que dijo Rockefeller: “Cuando mi limpiabotas invierte en bolsa, yo lo vendo todo”. No queremos aprender.

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