Hildegarda de Bingen: Mística, científica y ecologista

  • Considerada por muchos como la madre de la historia natural, la primera sexóloga o la inventora de la ópera. Ahora diversas autoras escriben en torno a su vida y obra.
Hildegarda en piedra, por Karlheinz Oswald.
Hildegarda en piedra, por Karlheinz Oswald.
Gerda Arendt

No era una niña normal. Estaba siempre enferma y hacía cosas raras. Gesticulaba con los brazos en el aire, hablaba con los perros, predecía muertes y se comunicaba con la Luz Viviente. Así es descrita la mística alemana en Hildegarda, la novela de la escritora danesa Anne Lise Marstrand-Jørgensen (Lumen, 2021). Conocida como la Sibila del Rhin, Hildegarda de Bingen (1098-1179) fue una visionaria medieval considerada por muchos como la madre de la historia natural, la primera sexóloga o la inventora de la ópera. En 2012, casi un milenio después de su muerte, fue nombrada oficialmente Doctora de la Iglesia por el papa Benedicto XVI.

Esa extrañeza que define su personalidad y su prolífica obra es la que permitió a la monja benedictina saltarse las normas de la época y transcribir las visiones de una luz que se le apareció por primera vez a la edad de tres años. Visiones que iban, además, acompañadas por una voz que le explicaba lo que ante sus “ojos internos”, como ella misma los llamaba, se sucedía.

En la Edad Media el grueso de la población era analfabeta. A los varones pobres la Iglesia les ofrecía la posibilidad del sacerdocio, pero el acceso de las niñas dependía de la capacidad económica familiar. Hildegarda nació en el seno de una familia noble, lo que permitió que siendo una niña, por su condición de mística, ingresara en el monasterio de Disibodenberg. Sin embargo, su infancia no fue fácil. Sobre ella pendía la duda: ¿Es la voz de Dios la que le habla? ¿Es el Demonio que busca tentarla?

Cubierta del libro 'Hildegarda'.
Cubierta del libro 'Hildegarda'.
LUMEN

La propia Hildegarda, según cuenta Anne Lise Marstrand-Jørgensen a 20 minutos, escribió sobre la ansiedad y la satisfacción que le generaban las visiones. “No sabe qué hacer con esa voz”, explica la escritora. “No se siente aceptada, se le silencia, se le dice que se esconda. Al mismo tiempo siente muchísima alegría y la necesidad de someterse a ese júbilo y a esa voz que oye. En ese sentido se siente protegida, escuchada, vista y utilizada por Dios para transmitir sus deseos al mundo. Pero por otro lado sabe que esa felicidad la convierte en una amenaza tanto para su familia como para ella misma. Tiene una vida contradictoria en la que el miedo pertenece al mundo exterior y la alegría pertenece a su mundo privado”.

La idea del mal que pende sobre la benedictina, atraviesa la novela de Marstrand-Jørgensen. El miedo se filtra en el pensamiento de todos los personajes. Es la mujer, en la mentalidad de la época retratada en la novela, quien encarna el mal. Sin embargo, este es perpetrado por el hombre mediante violaciones y asesinatos a mujeres del entorno de Hildegarda. “Que las mujeres pueden tentar a los hombres a hacer cosas que no hubieran hecho es una imagen muy dañina que genera una gran sensación de culpabilidad. Una idea muy extendida en tiempos medievales, cuando una mujer no tenía ninguna manera de alzar la voz, como ocurre, por otra parte, en muchos lugares hoy en día”, comenta la autora.

Para poder tener una voz, Hildegarda defendía, que solo porque ella era débil e inculta, estaba vacía, circunstancias que la convertían en una vasija para recibir la voz de Dios. “A ella solo se le acepta porque es una extraña en su naturaleza. Es una mujer, es una mística, tiene una manera polémica de recibir sus visiones. Si hubiera dicho a la iglesia ‘esto es lo que yo pienso de lo religioso, de la Palabra de Dios’, entonces no le hubieran concedido acceso alguno. Pero en cuanto ella se transmite como un recipiente que simplemente espera ser llenado con la Palabra de Dios, puede mantener su posición. Ese mensaje hacía creer que la suya era la Palabra de Dios, porque una mujer no podía hablar así, ya que se daba por hecho que no tendría la sabiduría ni los conocimientos para expresarse de forma tan elocuente”, concluye la escritora danesa.

"A ella solo se le acepta porque es una extraña en su naturaleza. Es una mujer, es una mística, tiene una manera polémica de recibir sus visiones"

Y así, sumergiendo su ego y dejando emerger la voz divina, Hildegarda de Bingen abrió en el siglo XII el camino de la escritura mística para mujeres que transmitían lo que les sucedía “en un espacio invisible: el de la interioridad”, escriben Victoria Cirlot y Blanca Garí en La mirada interior. “En la Edad Media, las mujeres se apropiaron de los instrumentos de escritura para hablar de sí mismas y de Dios, pues Dios fue lo que encontraron en sus cámaras, en sus moradas, en sus castillos del alma”, apuntan las catedráticas entre las páginas del ensayo reeditado en 2021 por la editorial Siruela.

Hildegarda no dominaba el latín, pero gracias a monjes cercanos a ella, como Volmar, que transcribieron lo que dictaba, hoy conocemos su obra, compuesta de una docena de títulos. El primero, Liber Scivias, por ejemplo, en el que promovía una visión pionera de la ecología y realizaba una de las primeras descripciones de la Tierra. A este le siguieron, entre otros, Physica, donde llevó a cabo una descripción del mundo natural y los beneficios terapéuticos que vegetales, animales y minerales brindaban. Causa et curae, por su parte, compilación de sus conocimientos sobre la menstruación y síntomas como la amenorrea, con consejos sobre alimentación que pudieran disminuir el exceso de sangrado, fue famoso por contener la primera explicación de la que se tiene constancia sobre el orgasmo femenino.

También es conocida por su legado musical: más de 78 composiciones. En 2009 el director David Lynch y la compositora Jocelyn Montgomery grabaron Lux Vivens, disco que recogía las obras de Hildegarda. Y en 2016 Guy Sigsworth, productor de Madonna y Britney Spears, lanzó un exitoso álbum con su música. Es conocida, además, por ser la creadora de La Lingua Ignota, primer idioma artificial de la Historia y una familia de plantas que contiene 16 especies en su honor se llama Hildegarda. Si tienen oportunidad, no dejen de acercarse a su sorprendente obra. Una excelente forma de redescubrir antiguos saberes del mundo espiritual y natural a través de una mirada nueva.

'La Mirada Interior. Mística femenina en la Edad Media'. Ensayo.  Victoria Cirlot y Blanca Garí. Siruela.

Cubierta de 'La Mirada Interior. Mística femenina en la Edad Media'.
Cubierta de 'La Mirada Interior. Mística femenina en la Edad Media'.
SIRUELA

Publicado por primera vez en 2008, reúne la historia de ocho mujeres visionarias medievales que compartieron las experiencias místicas a través de sus obras. Hildegarda de Bingen es la primera de ellas. Le siguen Hadewijch de Amberes, Beatriz de Nazaret, Matilde de Magdeburgo, Margarita de Oingt, Ángela de Foligno, Margarita Porete y Juliana de Norwich. En la reciente reedición, se incluyen, investigaciones recientes de las autoras sobre la identidad femenina, la escritura, los itinerarios espirituales y la visión.

'Hildegarda von Bingen. Las estrellas extinguidas'. Ficción poética. Sére Skuld. Aurora Dorada.

Cubierta de 'Hildegarda von Bingen. Las estrellas extinguidas'.
Cubierta de 'Hildegarda von Bingen. Las estrellas extinguidas'.
AURORA DORADA

A través de figuras cruciales en la trayectoria en la evolución espiritual de “la profetisa teutona”, Jutta, su tía y maestra; Volmar, el monje que transcribió y Richardis, discípula y amor de su vida; la bruja del caos, cantante, mística artesana y performer, Sére Skuld, ofrece un relato sobre la vida y obra de Hildegarda. Una ficción de situaciones cotidianas que se entrecruzan con sus propias vivencias como bruja del caos del siglo XXI. “El fin último de Las estrellas extinguidas es convertirse en vuestra serendipia”, escribe la autora.

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