CLAVES | El asesinato de Laura Luelmo a manos de Bernardo Montoya, un crimen que conmocionó a España en 2018

<p>Jóvenes del instituto de Zalamea la Real colocan carteles realizados en repulsa por la muerte de Laura Luelmo.</p>
Jóvenes del instituto de Zalamea la Real colocan carteles realizados en repulsa por la muerte de Laura Luelmo.
Julián Pérez / EFE
<p>Jóvenes del instituto de Zalamea la Real colocan carteles realizados en repulsa por la muerte de Laura Luelmo.</p>
Jóvenes del instituto de Zalamea la Real colocan carteles realizados en repulsa por la muerte de Laura Luelmo.
Atlas

Laura Luelmo vivía en la localidad onubense de El Campillo desde hacía tan solo unos días cuando desapareció el 12 de diciembre de 2018. Se había trasladado allí para cubrir una baja como profesora de Plástica en el IES Vázquez Díaz de Nerva, pero ese fatídico día Bernardo Montoya, autor confeso del crimen, se interpondría en su camino y acabaría con su vida tras agredirla sexualmente.

Aquella tarde Laura regresaba de comprar algunas cosas en el supermercado. Su asesino convertiría el final de ese paseo en una pesadilla. Le asaltó a las puertas de la casa que ella tenía alquilada. La joven, de 26 años, había sentido su mirada desde el otro lado de la calle, donde estaba ubicada la vivienda de Montoya, desde que residía en el municipio y le había contado a su novio que no le gustaba cómo la miraba y le daba miedo.

Montoya se abalanzó sobre ella y la golpeó con suma crudeza y violencia para acallar sus gritos pidiendo ayuda. Cuando consiguió reducirla, la llevó a su domicilio y la ató de pies y manos para después violarla en una de las habitaciones. Durante 78 minutos, desde que la secuestró a las 17:22 horas hasta las 18:42, se cebaría con ella, sometiéndola a "padecimientos innecesarios", señala la Fiscalía.

Poco después, entre las 19:16 y las 19:25, trasladaría a la víctima, aún con vida, en el maletero de su coche hasta Las Mimbreras, donde sería hallada el 17 de diciembre por un vecino que había acudido como voluntario en la batida de búsqueda de la zamorana. El hombre daría con varias prendas de ropa de mujer a unos 200 metros del cadáver, que estaba bocabajo cubierto con unos arbustos.

Bernardo Montoya, que tenía antecedentes por asesinar a una anciana de 82 años y por otros delitos como robos o allanamientos, fue detenido el 18 de diciembre y un día después confesó haber acabado con la vida de Laura, aunque juró que no la había agredido sexualmente. La autopsia revelaría que estaba mintiendo, pues su cuerpo presentaba restos de la violación y otras 40 lesiones en la mandíbula y el cráneo.

En su casa, además, se hallaron restos de sangre de la víctima a pesar de que había fregado con lejía para eliminar cualquier tipo de rastro que pudiera inculparle en el asesinato.

Había salido de la cárcel dos meses antes tras permanecer tres años encarcelado por asaltos con violencia, lo que reavivó el debate sobre la necesidad de la prisión permanente revisable. Antes, había estado en prisión cumpliendo una pena de 17 años por matar a la octogenaria. 

Días después de su primera declaración cambió su versión de los hechos para tratar de incriminar a su expareja del crimen, pero las autoridades terminarían exculpar a la mujer tras investigarla.

Ya han pasado tres años del asesinato de Laura Luelmo y finalmente Montoya ha sido condenado a prisión permanente revisable.

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