¿Puede hacer Putin que Europa se quede sin luz? Solo en una situación extrema... aunque sí puede hacer que pagues más

El presidente ruso, Vladimir Putin, presenta su informe anual sobre el estado de la nación, este miércoles, ante el Parlamento en pleno en Moscú (Rusia).
El presidente ruso, Vladimir Putin.
EFE/ Maxim Shipenkov

Esa es la conclusión: que tengas luz este invierno depende de Putin. Que puedas calentar tu casa, también. El poder está en manos de Rusia en plena crisis energética en toda Europa, y el Kremlin lo sabe así que pretende utilizarlo como una arma geopolítica más. 

Al haber dos bloques muy diferenciados a nivel estratégico, con Rusia y China en un lado y la UE y Estados Unidos en el otro, Moscú tiene mucho que ganar al darse un contexto en el que uno de sus competidores, la Unión Europea, necesita ayuda. En ese contexto, Rusia cuenta con dos cartas que jugar: el papel de Gazprom, la empresa estatal de gas, y el presente y el futuro del gaseoducto Nord Stream 2, que involucra directamente a una Alemania en plena transición de Gobierno.

En cambio, el caso de España es particular, pues es "isla energética" (es decir, esta menos conectada a nivel energético dentro de la UE) y su 'lucha' es hacia el sur, con Argelia y con Marruecos. Pero no se libra de las crisis. El cierre el lunes del gasoducto de Argelia que surtía a España ha intensificado las conversaciones para asegurar el suministro, con visitas a ambos países de los ministros de Exteriores y de Transición Ecológica. Parece que a pesar de los cortes por un lado, la llegada del gas está asegurada por otro y en caso drástico siempre quedarán las reservas que, según los expertos, son suficientes. En todo caso, la cuestión seguirá estando sobre la mesa a corto y medio plazo.

Sin embargo, el caso de la Unión Europea en general, cuyo principal surtidor es Rusia, es diferente. En este caso la partida tiene a Putin como favorito. Isabel Valverde, consultora en Kreab especializada en energía, explica a 20minutos que la influencia que ejerce Putin a través del gas "no se trata de si hay suministro o no, sino de costes o de precios porque el gas que nos llega desde Rusia es mucho más barato". Si no nos llega a Europa desde Rusia, comenta Valverde, "tenemos que irnos a los mercados internacionales que están muy tensionados". La conclusión es clara: "Si no nos da el gas Rusia tendremos que importar este gas desde otros lados y esto incrementará el precio del gas y por ende el de la electricidad por el sistema marginalista que rige el mercado en Europa". 

"Si el invierno es frío y largo puede que veamos otra vez récords históricos y ya hemos visto fábricas cerrando. Y, evidentemente, un aumento del precio de la electricidad va a afectar a los hogares, sobre todo a los más vulnerables", prosigue la experta. Precisamente sobre el posible cierre de fábricas "se pueden dar más parones en las cadenas de suministros". Todo esto no hace más que influir a que incremente la inflación. "No es un problema de suministros, sino de precios, con todas las ramificaciones que son muy importantes, especialmente en un momento de recuperación económica como el actual".

Hay opciones más extremas. "La situación muy poco probable es que se dé un choque, por ejemplo, entre Bruselas y Moscú", lo cual sí que provocaría que el suministro se quedara a cero. "No se va a dar un apagón, pero Rusia sí puede hacer que el gas sea muy caro", avisa Isabel Valverde.

La Unión Europea, en tensión

A nivel de la Unión Europea la realidad es tozuda: el mercado energético está muy tocado y que los precios se disparen se ha convertido en un problema común en pleno mensaje sobre apostar por la transición energética. Bruselas tiene que combinar su Green Deal con pasos en el corto plazo para resolver las distorsiones que se están dando. Mientras, otros actores como la propia Rusia o China miran desde la distancia.

"La energía es una nueva arma geopolítica, sí, pero eso no es algo nuevo. Se ha utilizado como tal más de una vez, como en la crisis del petróleo de 1973". Valverde destaca que ahora hay una clave: el gas se ha convertido en una energía de transición. "A medida que avanza la descarbonización y los países se comprometen a reducir las emisiones, las renovables o la nuclear no producen toda la energía que necesitamos, y tenemos el gas que contamina menos que el petróleo y el carbón. Tenemos muchas empresas y muchos países haciendo esa transición, pero esta tardará", desarrolla.

En esta situación, que además se ha acelerado a través de los planes de recuperación, "la demanda del gas en el medio plazo no va a dejar de aumentar, especialmente desde lo países asiáticos que están solucionando sus problemas de contaminación" recurriendo a esta fuente. Valverde sostiene que nos tenemos que preparar "para unos mercados internacionales cada vez más tensionados y será necesario asegurar el suministro". Para ello, dadas las complicaciones, dice, "es muy importante la relación con Rusia y con Putin y también -como en el caso de España- en el sur con Argelia y con Marruecos".

España quiere cambios... pero encuentra problemas

España sigue apretando para que haya cambios, pero Bruselas enfría sus planes. La apuesta de Pedro Sánchez para abaratar el precio de la energía pasa por la compra común a nivel de la Unión Europea, con un mecanismo similar al utilizado para adquirir las vacunas contra la Covid-19: que sea la Comisión Europea la que negocie en nombre de los 27 Estados miembros. Así lo repitió en la cumbre informal de líderes que tiene lugar en Eslovenia.

Roy Cobby, investigador de economía digital en el King's College de Londres, explica que el argumento en contra que más se puede repetir ante la propuesta de Sánchez es que "no se contempla en los Tratados", algo que estrictamente hablando es cierto. En todo caso, se abre la opción, como explica Cobby, de hacer "un impass" en esos Tratados y avanzar, como se hizo con los fondos de recuperación pos Covid o con las vacunas.

Las medidas pasan por reformar el mercado, pero 11 Estados miembros -liderados por Alemania y Países Bajos- se han opuesto. Creen que las soluciones pueden plantearse en el sistema actual y España ha pedido salirse del mismo, pero la Comisión Europea considera que la solución "no pasa por crear un mercado paralelo". Moncloa quiere atraer a su plan a otros socios como Francia, Grecia o Italia, pero el camino se prevé tortuoso en un momento en el que las soluciones tienen que ser rápidas.

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